Lo que daría por estar ahí. La noche es fresca y debería llover, pero no. Se le suceden tantas sensaciones como palabras por su mente.
Y si lo empezara a creer? No.. para qué.
Nude suena de fondo, lo que daría por estar ahí. Por estar mirando un techo y recostada y desnuda. La situación lo ameritaría. Las palabras sobran.
Por la avenida escucha a los bomberos, a la policía, en la calle no hay un alma y los semáforos titilan amarillamente..
La cadencia de Nude la transporta a un lugar sin sirenas, sólo esa batería, ese bajo perfecto. Sólo esa sensualidad intrínseca que se transporta por la piel cual gota que recorre su fin; una mano que acaricia lentamente ese cachorro momentáneamente amansado que es ella. Ella cantando bajito y dejándose. El loop no importaría en lo más mínimo, sería en esa encrucijada, un imperativo categórico.
Por esa ventana que mira diariamente vuelve a ver las nubes cargadas y vuelve a pensar en él. Se avecina, la ve avanzando desde el este. Cinco minutos atrás cuando el balcón la sedujo con su aire, un satélite prístino se estampaba perfecto en la noche cerrada.
Y si en esta noche se dibujara una línea, sería con pequeñas imágenes que ella inventó. Porque nunca existieron, y lo más probable es que no existan. Don’t get any big ideas, they’re not gonna happen. Irse a dormir con esa sucesión pictórica en los párpados suena a buen plan, porque mientras que apaga la luz y se tira en la cama, el viento azota el ventanal y se estampan las primeras cuatro gotas y Nude comienza nuevamente...
octubre 22, 2010
Nude
julio 20, 2010
Oda a la Sublimación.
mayo 09, 2010
El caos es negro
que se juega viviendo.
Tu sombra espera tras de toda luz."
Lastimar. Lastimamos, nos lastiman. Cuando es sin intención, lastimar a alguien puede tener consecuencias que uno dista de anhelar. Cuando sabemos lo que puede causar obrar en off side, ahí se entra en otro terreno. A bancársela, que para eso existe la capacidad de reflexión, meditación, premeditación, premonición y demás "ciones". Los títulos de las carátulas cambian por alguna razón. Muchas veces, personas a las que lastimamos, a priori nos han causado un dolor tantísimo más intenso de lo que alguien alguna vez pueda explicar.
Siempre me pregunto por qué uno lastima sin querer a aquellas personas a las cuales adora, las lastimamos por carácter transitivo, directo o inversamente proporcional. Pero, la consecuencia es la misma. Causamos dolor.
La gente que me ha lastimado (no es una posición victimista, de hecho yo he lastimado también, quién no lo ha hecho?); con el tiempo como panacea me ha dejado alguna moraleja. Me pregunto, ya habiendo pasado por muchas experiencias si de más chica no habré sido la mismísima reencarnación de Lucifer. Quizá la prima, o la hermana. De pequeña tenía mi costado sádico a flor de piel. Resumiendo, era una reverenda hija del Averno. Ya no lo sé bien, no recuerdo, pero es probable que lo haya disfrutado. Es decir, creo que en algún punto estaba tan enojada con todo lo que me había tocado vivir precozmente que descargaba mi ira hacia el universo de la manera más destructiva posible. Cero ternura, quizá alguna que otra vez, pero solapada, extremadamente solapada.
Se que no soy más esa Marquesa de Sade de bolsillo. Bajo el puente pasó mucho análisis y tener, gracias a Jebús, la capacidad de poder escuchar lo que nos viene del otro y de poder ver los propios errores. Se entiende que uno debe hacer algo con ellos. No es agradable, claro está. Pero es interesante ver los frutos. Se llama implicancia. Para los que tengan síndrome de Superman aconsejo sacarse la capa por unos momentos y verse un rato al espejo con el catsuit y la mallita ridícula.
Hoy por hoy me toca escuchar hijaputeces como que me dan placer ciertas cuestiones, ejemplo: no hablarle a alguien que hace mucho me causó una de las desilusiones más grandes de mi vida. Aclaremos los tantos: si me lastimaste por tanto tiempo, no pretendas ahora que sea benevolente. Esto de ser puching ball, no. Si no contesto, es porque simplemente no tengo ganas ni de hablar ni de que me tiren un fardo que no me pertenece. Ya fue suficiente. Si te mandaste la cagada del siglo, aceptalo.
Por otro lado, y este es el lado más complicado , a veces nos encontramos en situaciones en las que lastimamos por no estar en la misma posición. Para mi es la peor manera de lastimar, porque uno lo hace a un ser que quiere profundamente y no hay manera de no lastimar, es inextricable a la situación. Uno se siente el peor ser humano viviente aún cuando te dicen que no lo sos. Que te quieren igual. Katana al pecho. Qué se hace en estas situaciones? Se hace como si no pasara nada? Si no es así, en qué lugar uno se sitúa o no se sitúa?
Es una mierda. Es una gran mierda. Es complicado y doloroso cuando alguien tan cercano de repente se te aleja definitivamente. Y uno sabe que es necesario, que son modos, que hay que dar lugar, que hay que comprender, que hay que dejar el egoísmo de lado y saber ponerse en el lugar del otro. No voy a mentir porque el amor merece más que eso. La gente que queremos y que forma parte de nuestra vida merece la verdad, merece no ser subestimada. Merece saber que uno los extraña si no están, y a su vez que son respetados, que estamos (porque estamos, que no haya dudas sobre eso), que seguimos viendo lo mismo, que los seguimos viendo aunque no sea sentados donde siempre. Que estamos presentes, a la distancia que nos hayan tenido que poner; siempre y firmes.
abril 27, 2010
Memento
Ella caminaba en una suerte de estupidez autómata. Cruzó la Av.Córdoba con un envión casi suicida. Para no dejar que el instinto de autodestrucción la aniquilara, tomó aquel recuerdo de asidero. Para no dejarse ahogar por la vorágine humana mientras caminaba entre la multitud, se acordó de esa noche bastante fresca en sus párpados.
Lo que recordaba de esa noche eran flashes, que como diapositivas, lejos del Apocalipsis en Solentiname, podía trocar y poner en el orden que más le gustara. Su memoria, tenía un carácter que rozaba lo espeluznante. Guarda muchos recuerdos, algunos terribles, cual colección de dagas y katanas en casa de un samurai masoquista. Otros tantos le generan algo parecido al placer, o quizá otra sensación, pero no sabía, sus significantes estaban bastante trastocados.
Lo que recordaba de esa noche, extraña, era un viaje a altas horas de la madrugada hasta la puerta de un edificio, donde los ascensores estaban de huelga.
De esa noche, se guardó un recuerdo. Grabó una sensación que se asemejaba a la letra de una canción “Exploring the taste of her…”. Una sensación que era ilegible tal vez. Un poco de juego que no precisaba palabras ni reglas, porque fluía, inexorablemente. Sabía, como casi siempre, que le faltaban las palabras capaces de abarcar su pensamiento. Fugas eternas, siempre. Difícil captar su esencia.
Lo que recordaba, lo que seguía en el aire junto a un aroma familiar, eran aquellas manos pequeñas rodeando su cuello gentilmente, lejos de la malicia y la sodomía.
Mientras ella caminaba por Florida un violinista en silla de ruedas, imágenes trágicas si las hay, hizo que volviera a añorar aprender a tocar un instrumento, de viento preferentemente y cantar aunque, no a la vez. Volvía esa sensación de sentirse torpe y limitada en términos instrumentales. Pensó que quizá su inevitable destino sería escuchar a Coltrane o Satchmo embelesada; y respiró profunda y gustosamente ante esa imagen. Ya no importaba.
De aquella noche en una misma cama, que salió de una galera sin conejos, recordaba sus quejas sobre la combustión de los autos cerca de las mesas de los bares; la disertación sobre cuadros a medio pintar colgados de la pared. Recordaba aquel cuerpo pequeño encriptado a su lado, sin demasiada voluptuosidad, pero de una belleza adamantina.
Recordaba despertar escuchando a Green Day diciendo “She screams in silence”, y pensar que tenían mucha razón. Los últimos flashes, que como autos a punto de morir, intermitían en su pensamiento; pertenecían a una comparación con un Ramone y a ella bajando una escalera, porque los ascensores seguían en huelga.
Mientras volvía al trabajo esquivando gente por Florida, pensó que dos días la separaban de un nuevo año, a estrenar, con olor a auto limpio con el pinito colgando del espejo retrovisor. Quedaban dos días de un año, que salvo excepciones que la incluían, había sido funesto.
Todo este circunloquio, todos estos recuerdos de desayunos y delineadores compartidos, fueron escritos en papelitos mentales mientras caminaba por la calle. Para no dejar que el instinto de autodestrucción la aniquilara, recordó ese perfil en la penumbra cual Venus del espejo y esperó a que el semáforo se pusiera en rojo.
abril 18, 2010
Ellos, existen?
Ellos existen. Tienen su vida, sus trabajos, sus amores y odios. En la historia del universo ellos son insignificantes. Se levantan temprano, y desayunan. Ella necesariamente toma jugo de naranja, café y come granola; él toma café y come tostadas. Se cruzaron varias veces sin cruzarse en el centro de la ciudad, cada uno haciendo y deshaciendo teorías en sus cabezas; buscando respuestas a preguntas que jamás se hicieron. La palabra, podría decirse, los une de una manera particular. La palabra escrita, más específicamente escrita por otros. Quizá la de ella; a veces la de él también. Ellos existen, y respiran el aire poluto que se desmigaja en Corrientes y Paraná, donde ella muchas veces esperaba cruzar la calle para llegar a las puertas del Teatro San Martín en busca de ciclos de cine. Muchas noches, muchas más tardes, el décimo piso del mismo teatro la sintió mirar a través de los ventanales. La majestuosidad de la vida ahí debajo, los autos pasando, la vida pasando aún más rápido. Sentir vértigo sin sentirlo verdaderamente. Viendo cómo el ascensor se abría a cada rato para vaciar la sala repleta de gente satisfecha con dos horas de buen cine. Ella mirando por el ventanal, con una amplia sonrisa interna, sabiendo que todo eso era una gran mentira.
Ellos existen, Arbolito y Gurrumina existen en la ciudad lavada por la lluvia matutina de algún día del mes de julio. Él desteje temores, desteje escritos, desteje una historia que pudo haber sido pero que no encontró el camino correcto. Arbolito mira desde arriba, imagina mirar desde arriba a la Gurrumina. Gurrumina, se hace una cola de caballo en el pelo y cruza la avenida Córdoba. Buscaba sin buscar al Arbolito, estuvo mucho tiempo escribiendo en papelitos amarillos que se pegan, pateando latas y piedritas tratando de encontrar a un fantasma.
Un día el azar los puso en el mismo bar de la calle Reconquista al reparo de la lluvia. Ella estudiaba furiosa cerca de un cortado, y él entraba con su gabardina a cuestas manchada de gotas suicidas. Una mirada lejana se cruzó entre ellos pero no más. Sólo la sensación en el aire quedó. Esa sensación.
Ellos existen, discuten sobre política, él más fervientemente que ella. Discuten sobre ciencias humanas, ella más fervientemente que él. Discuten sobre Hegel, Foucault, Heidegger; discuten sobre Bourdieu, sobre Althusser, Tocqueville y Lacan. Sobre la actualidad, y sobre el pasado. Discuten en un sentido amplio, otras veces en un sentido concreto. Discuten como un ejercicio mental, como un ejercicio del poder, como estrategas al acecho. Juegan a discutir para no estancarse, para no dormirse en el tedio cotidiano y arrasador.
Ellos existen, muchos saben de su existencia. Muchos en silencio han deseado que el azar los choque de frente, otros, todo lo contrario. Muchos, cual Corte Suprema, han debatido en extensas jornadas su futuro, el fallo no se dio nunca a conocer.
Ellos existen. Tienen blogs donde se los puede leer, tienen bibliotecas repletas de libros; libros que se repiten en una gran mayoría. Entre ellos, ella tiene una edición especial cuidadosamente dedicada, de Violín y otras cuestiones. En cambio él, tiene o tenía unos Papeles Inesperados perdidos por ahí.
Ellos existen, no cabe ninguna duda que ellos existen, que se levantan cada mañana sin tener la menor idea qué será lo que el azar les depara. Ellos existen sin saber que existen en la cabeza de un Arbolito y una Gurrumina que los escriben y describen en blogs, y en papelitos amarillos que ya hace tiempo, perdieron su pegamento.
La Maga
marzo 24, 2010
Hay escritas infinitas palabras
No sé cómo empezar, tengo un enjambre de pensamientos dispuestos a ser desenredados, pero aún no sé cómo.
Desde que me recibí, mi super yo se licenció también en sadismo; y eso no es bueno. La pregunta que aparece es qué hacer.
Y ahora? Au boulot! Claro, ojalá fuera tan fácil. Ahora el camino es aún más vasto de lo que imaginaba, la cuestión es elegir uno de las tantas bifurcaciones. Ya averigüé para empezar un postgrado, claro está que no será hasta el año que viene. Seminarios, miles.. de los cuales opté por tres. Bien ahí, se reduce un poco más. Y hay otra idea, que carcome, el “paper”. Desde que terminé con los textos de la última materia me obligué a buscar temas para investigar, por lo cual miré mi biblioteca y dos libritos me llamaron la atención. “Las palabras y las cosas”, de Michel Foucault; y “Qué significa hablar?”, de Pierre Bourdieu.
Hay algo allí en el orden del discurso que siempre me atrapó. Muchos subestiman las palabras, subestiman lo que dicen, como si hablar fuera gratis. Pareciera que sí. No tienen esa sensación de gratuidad cuando escuchan? Cuando uno habla, como ya he dicho alguna vez tomando ideas de Echeverría, se compromete con aquello que dice. Cuando uno, ante un interlocutor emite un enunciado, se hace, o debería hacerse cargo de aquello que sostiene. Todo esto viene a que cuando uno habla crea un mundo, y ese mundo que está construyendo en general lo muestra. Es muy de esta época el andar mostrándose. Cada uno hace de su culo un encofrado y sostiene momentáneamente el edificio que más le guste. Publicar acá también es mostrar cierto aspecto de uno. Habrá que ver el uso que uno hace de las herramientas que tiene a la mano. Vuelvo.
Estaba en crear el mundo con las palabras. Uno con las palabras tiende puentes, levanta muros, invita a jugar; las palabras son grandiosas a veces, y son de lo más funesto otras tantas. Piensen en situaciones, donde dos o tres palabras pueden hacerte sonreír un día entero o querer meter la cabeza en un agujero. Recuerdo sesiones de análisis donde las mismas palabras podían significar cosas que ni imaginaba, podían abrirme todo un nuevo panorama y hacerme pensar: “ya lo tengo, ya entendí todo”; y quizá otras veces esas mismas podían hacerme estallar en un llanto profuso que luego se traduciría en una sonrisa post-catarsis. Las palabras son magníficas; y lo son por toda la variedad de acciones que estas nos ofrecen.
Conocí varias personas que crearon su mundo con palabras, palabras pomposas, palabras que no reflejaban en casi nada la realidad “real” y ese mismo mundo lo vendieron cual excelente agente inmobiliario. Ahora bien, uno decide creer en las personas, porque si uno no cree se vuelve un escéptico de mierda. Convengamos que no le creo a muchas personas, y es una chorrada; creo que prefiero ser aquella que creía a no creer una palabra de lo que la gente me dice. No es con todos, en efecto, hay gente a la que le creo porque me ha demostrado que la parte del mundo que comunica se condice, pongámosle, con la “realidad”. No voy a profundizar en la concepción de la realidad porque es un tema aparte, y espinoso (como el sujeto de Žižek).
Y aquí quería llegar. A la mentira y a sus consecuencias. Qué se hace con eso? No tengo la más recalcada idea. Y no hablo de la mentirita blanca e inocente de decirle a tu mamá: “me fui a lo de una amiga” y en realidad te estás revolcando descocadamente. No. Hablo de la otra, de la que no hay vuelta atrás una vez descubierta (aunque quizá tu madre no te deje volver a tu casa por casquivana). Hablo de la mentira irremontable. Todavía me sigo preguntando qué hacer con los kilos de ladrillo hueco que uno ha comprado y que resultan ser uno de esos tiempos compartidos inexistentes en Kualalumpur. La parte que a uno le corresponde es comprar (compren y consuman y serán felices!). Nos hace cómplices? Me hace una imbécil seguro.
Creo que todos nos hemos preguntado si preferimos la cruda verdad o si somos capaces de vivir con una mentira haciéndonos cucharita. Ah, la era postmoderna y sus recovecos; sus ilusiones y sus millones de trampas. A medida que ha crecido el panoptismo cibernético, y su concomitante paranoia; parece haberse creado un velo de “todo vale”. Queridísima Juno, ya hace miles de años atrás en la mitología teníamos dos caras. Sé que no soy la única que siente esta vorágine, esta sensación de fuerza centrípeta que nos expulsa a la nada y su contracara centrífuga nos chupa al centro de un agujero negro lleno de “cosas”. El Samba de la postmodernidad y su Imperio, nos ha llevado a un lugar sin centros fijos donde todo está en todos lados y en ninguno a la vez.
Me fui otra vez. La mentira; demasiado amplio el concepto. Qué se prefiere? La cruel y cruda verdad, hablo por mi. Ni andar suponiendo que es una obviedad (cómo odio lo ob-vio!), ni ir sweet-coating la verdad; porque sería casi un insulto a nuestra capacidad de metabolizar. Y aunque como herramienta a la cual la humanidad ha echado mano desde el principio de los tiempos; uno debería saber cuando decir enough already y dejarse de joder. A hacerse cargo. Si decimos algo; lo más lógico sería responder por nuestras palabras.
He mentido, tampoco soy una Carmelita descalza. Por no querer mentir he estado involucrada en una relación -pseudo- bígama (sí, los dos sabían; no, no me casé) durante un año y medio; lo cual fervientemente NO recomiendo (ni la mentira, ni la bigamia). Aún así, con sus idas y vueltas, me mostró el lado dulce de la verdad. Desde ese momento he tratado de evitar la mentira (que a veces pareciera ser un activo preciado) y el: “pero si es ob-vio!”.
Claro está que si uno prefiere el camino negro que tome la General Paz y luego a bancarse sus efectos. Lo lamentable es que uno también tenga que, en ciertas ocasiones, ser afectado y verse “privado de”; porque la mentira a uno le quita la posibilidad de elegir.
De frente manteca.
No subestimen las palabras.. son las que hacen andar al mundo (junto con la globalización, el libre comercio, y las privatizaciones; claro).
La Maga
agosto 30, 2009
"Buen día.."
mayo 17, 2009
Wohl einem jeden, der seine Orte der Dauer hat*
Con la nariz metida en un apunte odioso, se acerca sigilosa mi madre y me dice: "Murió Benedetti". marzo 09, 2009
Amuse Bouche...
Es posible que una boca sea todo lo que existe. Cómo? Pas d'idée.
El macro: Un cuerpo masculino. Otro cerca, muy cerca, femenino. Ese tipo de cercanías que deja al más célibe, pegado a un rosario por varias semanas.
Pensemos en un plano secuencia. Dos cuerpos, Escribe tu propia historia, yo sólo marco la huella.
Plano secuencia con zoom in. Se van cortando los cuerpos, las piernas desaparecen en una cadencia que no permite extrañar la imagen, se siente que está de más. Los torsos inválidos de manos, se desdibujan en una suerte de piedra chocando contra el agua. Una mano reaparece, se posa en un cuello que pelea por mantenerse en escena. La mano vuela bajo, suave; como recorriendo el cuello de un gatito mojado.
Sólo nos van quedando dos perfiles. Ojos cerrados que espían de vez en cuando. Narices que luchan por un territorio virgen, se chocan torpe y naturalmente.
Dos bocas que juegan, que se enfrentan en una batalla por la supremacía, por el todo; la lucha por ese dominio dulce.
No se puede abarcar en un plano el pensamiento, a menos que utilicemos el recurso de la voz en off. Pero no aporta nada a la historia. Las palabras no llegan, las palabras borrarían la imagen. Es un pensamiento vacío. O casi. Inabarcable. Inabarcable explicación: Inexplicable. Está sin estar. Es tan una palabra plena que se fuga de significado de tan solo ser.
Esa otra boca que está allí es lo único que existe. El mundo está desierto. A lo lejos se puede escuchar algún sonido, el aire de la noche, o del día, según le plazca al que inventa la historia. El mundo está desierto, y lo único que Es, es esa boca. Quizá lejos, y diametralmente opuesta, la otra. La que piensa sin pensar, la que mira absorta esa boca que se convirtió en un zahir. Ya no hay alarmas, no hay un sonido que corte esa fijación perturbadora. No hay horarios, no hay guerras, ni las hubo. No hay ya Historia. No hay informes meteorológicos anunciando los 35º y su concomitante sudor. No existe el suave ronroneo de las aspas del ventilador. Sólo hay, en la lontananza, la tibieza de algo que pertenece a esa boca, al más allá de esa boca. Algo que todavía la hace pulsar, la hace existir en todo su esplendor. Permanece y quizá ya no. Pero eso no importa. Por ahora no. En este plano, solo existe una boca entreabierta que es besada, que es recorrida paulatinamente, que es mirada por unos ojos que están por fuera pero que son la fuente misma del relato. Lo es así también ese pensamiento latente, que teje la historia en una inconsciencia típica de un cuerpo librado al goce. Pero en ese pensamiento hay un “no a lugar” que se repite constantemente, como la respiración entrecortada de esa boca húmeda. Esa boca ahora lo es todo, es el Zahir por antonomasia. Es la nada, si nada de nada es todo. Pero ya no existe alrededor, sólo este pensamiento prófugo, y esos labios que parecen regenerarse a cada instante.
Es muy probable que la historia del universo esté resumida en ese zahir, algo tan vasto, algo tan incógnito, en algo tan pequeño a comparación. Olas de pensamiento que se topan con una muralla. Torpeza propia del momento, que no hace más que mejorarlo. Aquí sólo hay gracia y el elogio de la dilación.
Es posible, sí, o eso creo. Esa boca, tan perfectamente imperfecta. Esa boca que se funde con el río pequeño de aguas arenosas. Esa boca que bebió del río eterno, por relatarlo con solemnidad impoluta y que precede toda historia. Que en un ciclo sempiterno se restituye y emerge otra vez implacable. Precede toda historia y la escribe, la hace a su vez. Quizá no sea la vasta historia del Universo, ni un poco más pequeña aún la de El Inmortal. Quizá escriba una historia diminuta, ignota en la majestuosidad de esa otra Historia. Un relato que alguien escribió pensando en imágenes que no podía dejar de ver, no podía dejar de sentir. El relato de un pensamiento que se escapa a la significación, porque no puede ser dicho. Esa boca aún sin beber del río de los inmortales, se volvió tal. No quedan palabras, porque no las hay; pero este plano secuencia se conforma con las imágenes de un recuerdo.
La Maga
diciembre 18, 2008
Lío de sábanas.. y no solamente..
Él se erige, siempre, ante su pensamiento. Cuánto faltará para volver a ver esos dientes divorciados, esa boca fresca, boca de papaya madura. Qué dibujos estarán trazando sus manos, sobre el colchón. Si será el de su cuerpo, ahora semi-cubierto por una musculosa estirada, o el de la chica del bar.
Recuerda un afiche promocionando un ciclo de cine francés. El Teatro Colón, cubierto en su desnudez y en su curiosidad ante un beso tiernamente torpe y ansiado. Un convento que sonrojó a más de una monja ante tanto cariño. Un cigarrillo compartido. Lo sabe lejos, más de lo que imagina, y no precisamente por la geografía, aunque quizá también. Son las 3 de la mañana en Buenos Aires y la lluvia, que hace doce horas no cesa, se pregunta la razón por la cual estos dos cuerpos aún no se sumergen fusionados. Ella también se lo pregunta, acomodando sus almohadas. Y antes de apagar la luz, en ese nano segundo que antecede al click de la ficha, se pregunta cuándo el amor los hará a ellos.
La Maga
noviembre 12, 2008
"Y me apunto otra derrota..." No.. V de Victoria
Cuantas carcajadas te puede traer una canción, no?
La Maga
julio 28, 2008
No sabe distinguir al amor de cualquier sentimiento..
Yo creo que le enseñaron así. Creo que no sabe muchas cosas, entre ellas, a distinguir sentimientos. Le dice iceberg. No creo que esté en absoluto equivocado. Es un iceberg. Quizá por eso nadie se enamoró de ella. Ella lo sabe bien. Lo dice, y no con orgullo. Quizá hasta con un tanto de melancolía y otro tanto de dolor superyoicamente ejecutado. El orgullo no está precisamente en ser un iceberg. El orgullo está en no dejarse ver tal y cual es, a todos los seres. Ella se pregunta para qué gastar energía en gente que no le importa. Acaso es necesario? Acaso uno debe andar ventilando su más profundo ser cual exhibicionista, a todos? No creo que quiera mostrarse exactamente como es. Muestra su parte odiosa. La soberbia y pedante. La que dice absolutamente todo, y no de la mejor manera. La que molesta, la irónica, la oscura, la que no mide demasiado el efecto de sus palabras. Tal vez, baje la marea, quizá entremos al mar por la parte más honda. Quizá se rompa el iceberg en mil pedazos, tal vez el calentamiento global lo termine derritiendo.
junio 23, 2008
Realidades alternativas
(Écoutez!)
Cantaba alguien ni bien llegó, no recordaba ya quién. Un ambiente cómodo, con poca luz. Podría describirlo, sabía que contaba su memoria para hacerlo. Vio a Fred Astaire, y a una loca de piernas largas, que bailaba lo que nadie. “A les yeux”, como se debe, astringencia en la boca, demasiado alcohol, un merlot a tachar de la lista. Frío, hacía frío, mucho, pero afuera. Cambió al espirituoso, siempre la mejor opción para su paladar novato. Al natural, para sentir en su boca ese particular juego de sabores tan distintos y tan bien conjugados. Bailar es la opción cuando Ella y Louis cantan, o en su defecto imitarlos, mal, pero imitarlos y reírse, reírse por sobre todas las cosas. Quién no podría hacerlo cuando la luz es tan tenue, el vino es maravilloso y hay dos maestros cantando y logrando borrar todo lo que hay en tu mente. “Indeed”. Banda de sonido en la vida, creo que podría eternamente ser ésta. Acercarse, aun más, acariciarse, aun más profundo. Llegar a atravesar las capas, de ropa, de mecanismos de defensa, de caparazones. Sacarse la ropa de a poco, los anillos, los relojes, los aros, dejar la armadura un ratito, colgarla en el respaldo de la silla, no vaya a ser cosa que… Un cigarrillo, dos, tres…Sakamoto y Morelenbaum de fondo, quién podría cansarse de escucharlos? Lío de sábanas, de frazadas, de refugios, líos de la cabeza, de realidades, puf!, saber que la realidad real se encuentra afuera, tan cerca, tan del otro lado de esa ventana, de esa persiana, de esa cama que se desarmó varias veces. Mecanismos que hacen encriptarse en un aroma a piel, en vez de escuchar halagos, siempre tan difícil recibirlos, siempre desacordar con las percepciones ajenas. El cuore en la mano, dos miradas sobre lo mismo, guardalo un ratito, tenerlo mucho afuera hace mal. A veces, en ese afán de huir de la realidad tal y como el mundo la ve, es mejor optar por las alternativas y quedarse enfundado hasta los ojos, una mano torpe, un vestigio de sueño, palabras que no son de este idioma. El famoso dialecto onírico, seguí hablando lo que se empieza a formar en tu inconsciente mientras resbalás al sueño. Mañanas nubladas que no hacen más que favorecer a quedarse guardado. Sigue el frío en este piso, sigue Caetano con bifes a la plancha y pepinos salados, o una opción menos rayuelesca, un desayuno con huevos revueltos, jugos de naranja y pomelo, palta… si, si… palta, café, mate, dulce de leche, chocolate ¿por qué no? Más Ella y Louis, más de todo, más caricias, más besos, más abrazos, más armaduras. Más Portishead en vivo, súper sensual, y la piel.. la piel que es lo que al fin y al cabo comanda todo, bueno no todo, la piel combinada con otra piel, la mental.. Y llega el frío, el frío de afuera, el de verdad, el que te mete un cross de derecha, el super yo del informe meteorológico, el que también atraviesa todas las capas, pero sólo las de la ropa...
abril 12, 2008
Troisième fois...
Bajó del subte. Una música acompañaba sus movimientos, una música que marcó una etapa, que marcó un placard en su antigua morada. Prendió un cigarrillo, quizá el último del día. Pasó por un kiosco, compró un par de cosas y preguntó por una calle. Cruzó Cabildo mirando cuidadosamente, ya era de noche y había guardado sus gafas. Hacía calor, últimos días de calor, su perfume ascendía e inundaba su olfato.
La había visto el día anterior salir del trabajo, dejando una estela de perfume, muy particular, muy de ella. Le dije que la pase bien, que disfrute.
La tercera es la vencida, seguía pensando. Cruzó Cuba y un mensaje sonó en su celular "Cuándo llegas?". Contestó mientras doblaba la esquina, "Bajá a abrirme". Intentó guardar el apunte en la mochila, pero no podía, tenía todo revuelto, campera, apuntes, el cuaderno de la facultad, el kit de viaje ¿a dónde?, un tupper con su comida obsesivamente elegida. Tocó el timbre y una voz nasal contestó "ahí bajo", sonrió. Esa voz le traía recuerdos de una foto sacada en una fiesta espantosa presentando el Mini Cooper, del Carolina Hererra 212, de una cama compartida con amigos que nadie le creía que no terminara en Menàge-a-trois. Yo si le creía, más allá de lo que los demás creyeran, percibía algo en ella por fuera de lo chabacano del momento. Recuerdos de una borrachera pseudo-infiel, un fetiche de pies esmaltados con rojo. Pero no le traía recuerdos de la segunda vez, mucho menos de la primera. La tercera es la vencida, y había pocas dudas que lo era. Pero se dejó embriagar. Se obligó a no pensar, a no dejar que nada irrumpiera en su pensamiento, aunque bien se sabe que irrumpió más que muchas veces. Quizá nuestro ahínco la alentó a aventurarse para que despejara su cabeza.
Se saludaron desapegadamente, con un diálogo que dejaba entrever el poco interés, dos palmeras a kilómetros de distancia que sólo coincidían en el viento que las movía. Ella eligió una película que ya había visto y le garantizaba dos horas de risa. Comieron en la cama. Dos palmeras, una película española, un título lúdico. Sentía que no debía estar ahí. Sabía que no debía estar allí. Pero quiso probarse que tenía razón. Fiasco, es una palabra enormemente pequeña. Solo recuerda estar despierta a las 3 de la mañana repitiendo "la tercera es la vencida" y ya no quedaban sombras de duda en esto. Durmió mal, se levantó con ansias de huir. Se despidieron en una esquina como dos amigas que mucho tienen por ocultar. "Te llevo?" "No, gracias, mejor camino" le contestó al tiempo que tapaba sus oídos con música y soltaba su cabellera para que se secara. Se pasó las manos por la cara. Acomodó su mochila y cruzó Cabildo cuidadosamente. Mientras se confundía con la gente lista para ir a trabajar pensó lo que me dijo más tarde con un café de por medio: "Troisième fois... c'est le dernier fois".
La Maga
marzo 19, 2008
Crónica de una mirada..

febrero 19, 2008
Черный и оранжевый...
Es necesario hacerlo. Era necesario estar allí a esa hora. Mirando ese cuadro. Maldito Mark. Desde las entrañas me sacas sentimientos indescriptibles. Si, él me produce lo mismo. Un estado de paz que no sé de donde proviene. Un estado de emoción pura, convulsiva. Una nostalgia del pasado, y del presente, cuando no está. Ha llegado a necesitarlo. Mucho más que a cualquier otra cosa en su vida, y esto la aterrorizabaSe quedó quieta, dejando que las ráfagas de colores penetren como pequeños puntos luminosos de manera fragmentada por sus pequeñas pupilas. Era místico, aunque detestaba esa palabra. Era de una profundidad, y simpleza a la vez, eran ráfagas de ternura y violencia dormida. Durante largo rato, y cambiando de poses, ladeando su cabeza para un lado y para el otro, estirando una pierna, y luego la otra, se dejó invadir. .A lo lejos sentía que alguien había puesto música. Una música que ya le era familiar, eso la tranquilizaba aún más. Acordes alguna vez bailados bien juntos, rozandose las pieles, los huesos, las partículas mas microscópicas. A ese nivel llegaba su fusión. Ciertos pensamientos comenzaron a fluir en su mente desordenada. Recuerdos, extractos de poesías, 'Tardes que fueron nicho de tu imagen, músicas en que siempre me aguardabas, palabras de aquel tiempo.. '. La primera película en La Lugones. Su primer beso, mezcla de ansiedad, formalidad y torpeza. La primera caricia como un tifón eléctrico, que aun recuerda, que aun siente. El primer cigarrillo compartido tirados en una cama, que olía a mordiscos y rasguños amables, a perfumes conocidos, y a sueños que ellos no durmieron. La primera noche abrazados escuchando cómo la lluvia caía empapada y se mezclaba con Fitzgerald y el canto desafinado de ella. El primer sueño que pudieron conciliar sin esfuerzo. El primer baño de inmersión que ella le preparó para alejarlo de malos humores y malos días. La primera vez que compartieron la higiene bucal uno al lado del otro, que terminó en guerra de dentífrico y amarras con hilo dental. La primera canción que él le cantó en el sillón mientras ella lo miraba estúpidamente absorta. Un viaje a un recóndito lugar de su patria que les recordaba el trayecto Paris-Marsella. El primer llanto, el de ella. El primer enojo, el de él. El primer cumpleaños, el de ambos. Las primeras dedicatorias escritas en libros cautelosamente elegidos. Los primeros celos, sin sentido y tiernamente expresados. Las primeras frutillas que él le dio de comer en la boca mientras ella lo abrazaba con sus piernas. Los primeros papelitos amarillos que se pegan en una agenda o en una heladera. Los primeros.. esos.. estos.. abrazos por la espalda. Sintió el peso de su cabeza apoyada en su hombro. Y su perfume que la invadía, trayéndola de vuelta a la realidad, esa realidad en la que se sentía tan cómoda y feliz como en sus viajes mentales.
- Te encanta, no?- Le pregunto dándole un beso en la mejilla que invitaba a más.
- Lo odiás, no? Si no te gusta me lo llevo. No tiene nada que ver con la decoración que te gusta a vos, ya lo sé. Es solo que...
- Es solo, que qué...?
- Es solo que me transmite lo que me transmitís vos. Deja me lo llevo.
- Llegó la comida china.
- Pero iba a cocinarte yo.
- Ya sé, pero te quedaste paradita ahí muy concentrada.
- Y?.- Le preguntó, volviéndose a sus pequeños ojos profundos.-
- Y nada. Vamos a comer.
- Traje algo para el postre.- Dijo sonriendo pícaramente.-
- Qué trajiste? - Preguntó él, tomándola de la mano y arrastrándola a la cocina.-
- No te voy a decir.. no tiene gracia..-
- Y esto? Tiene gracia?...
Le dijo al tiempo que la tomaba por la cintura y hundía sus alargados dedos para propinarle una sesión de cosquillas que hizo que ella gritara cual mezzosoprano. El juego terminó con ambos rodando en el piso, escupiendo carcajadas como burbujas de detergente, olvidando por completo la comida china, y pasando directamente al postre que ella había traído para él.
La Maga
febrero 04, 2008
Feliz cumpleaños a mí...
enero 08, 2008
Pastillas para no soñar

diciembre 29, 2007
"Paren el mundo, me quiero bajar..." *
De alguna manera terminamos pidiendo Chow Mien mientras imitabas graciosamente a la señora que tantas veces nos vio buscar la comida. Todavía tenía las marcas de los libros en los brazos, y las acentuaste más en una pelea de chop sticks que terminó con un mal cálculo y por error te metí un cross de derecha en la mandíbula y te partí el labio.Te enojaste. Lo gracioso era que yo no tenía intención de partirte la boca, tu mano se interpuso en un golpe que iba dirigido a tu hombro. No podía parar de reírme de mi torpeza. Mientras te curaba el labio con esas cremas que suelo tener en el bolso, terminamos de ver una película pésima que alguna vez se te ocurrió alquilar. Ya nunca haremos nada por primera vez. Y está muy bien que así sea. Empeoré la lastimadura con ese ir y venir de labios torpes y apurados. Nos dormimos tarde, demasiado tarde por lo temprano que debíamos levantarnos. Nos despertó tu novio, lo atendiste. Volvió a llamar después de remolonear un rato. "Atendé vos" me dijiste. "Hola", dije con el tono de la primera frase emitida por la mañana, una voz entusiasmada me contestó al otro lado "Qué lindo es despertarse con tu voz de dormida", "Me imagino" contesté dormida e irónicamente. "No, la verdad que no te imaginás" me dijo tu novio. Te pasé el teléfono y empecé a ponerme la pollera y la remera con lentitud de sueño. Me preguntaste si me quería quedar durmiendo, que me dejabas la llave, preferí no generar más conflictos de pareja, "vuelvo a casa". Prendí la cafetera y te ayudé a preparar el bolso, "Llevas abrigo?, tomá, no te olvides el perfume, por qué no te llevas ese pantalón para salir que te queda tan bien?", mientras tomabas el café que te había servido dijiste que tenías la sensación de olvidarte algo. Repasemos: Llaves del auto, documentos, llaves del departamento, las llaves de allá, cepillo de dientes, billetera, música, algo más? Buscaste las últimas cosas, y encontraste un CD y me lo mostraste, "Sueños de un hombre despierto". Te recomendé una canción, mientras cerraba la puerta. "Vení, salí por el estacionamiento". Subimos al auto, y en esos giros extraños, comenzó a escucharse por la mitad 'Vértigo'. Me sonreí. "Estás tan bonita, te invito a un café, la tarde es nuestra, desnúdame." te canté mientras te miraba lejos. Me acercaste y me diste un beso. Ya estábamos en la calle. Te ibas con él a la costa. Llegamos a la puerta del departamento, no había un alma en la calle. Miraste alrededor cómo alejando cómplices y me diste un beso profundo mientras a lo lejos, o bien cerca, Ismael cantaba "Pero basta de lamentos, brindemos ¡Salud! es el momento, que estamos todos o no falta casi nadie..."
La Maga.
* Mafalda dixit.
diciembre 16, 2007
"I had a dream"
Tendida, con un boxer, y piel desnuda, las luces debidamente encendidas, o apagadas. Las luces de la noche dan matices en las paredes, en los cuerpos (vaya a saber por qué razón tipeando escribí muertes, en vez de cuerpos) que dejan una sensación de canvas a medio comenzar. Su mentón en un hombro masculino. Todo estaba perfectamente delimitado, las líneas, los contornos. Su perfil romano, su boca entreabierta. Conocía muy bien lo que sentía por debajo de la sábana. Siguió mirando ese perfil harto conocido, que tantas veces la había hecho llorar, tanto de emoción como de hara-kiri. Ya no. Todo parecía tan anacrónico, tan distante, tan de otra vida. Aunque allí, ella ahí. Ella seria y desnuda, seriamente desnuda. Pero lejana.
Su mano recorría el pecho aniñado, de niño hombre, de alguien que está tan preocupado por ser adulto que se olvidó de jugar un ratito todos los días a las canicas. Su risa tenía todavía algo de niño travieso, su manera de acurrucarse, como estando entre sábanas de He-Man. Su aun infantil manera de tocarla, de recorrerla, de desviar sus ojos cuando ella se sentía mirada y clavaba sus ojos pardos en los de él. Bajó por la línea del tórax despacio. Podría describirla perfectamente. Un lunar acá, otro más allá, el otro allí formando una constelación. Un hueco divertido se formaba a la altura de las costillas. Cuello de gatito mojado, dormido, mientras recorría su mentón.
Su barba incipiente de fin de jornada, tan desaliñada, tan idiosincrática. Él le tomo la mano, presionándola contra su estómago. La medianoche silenciaba la calle. Algún perro ladraba. Alguna lata rodaba. Los semáforos deberían estar titilando. Cuánto tiempo había pasado? Probablemente más de lo que podría cuantificar. Estaba allí? Importaba realmente si estaba o no? Si era un sueño o era la realidad? Recorría su perfil como se recorre... nada en realidad, un nudo se le hacía en la garganta. Sentía otra vez que el corazón cumplía su deber forzosamente. Sentía que se le salía por la boca. Eso no es amor, eso es taquicardia querida, tu réfléchis un peu, aprende a diferenciar. No hacía falta. Sabía muy bien lo que le pasaba. Sabía muy bien qué era eso que estaba sucediendo bajo las sábanas. Sabía muy bien qué significaba. Esos movimientos tan violentos y entrecortados. Esas patadas que los desenredaba. Significaban que él ya estaba profundamente dormido, y que ella seguía mirando las sombras que cambiaban de posición según cómo entraba la luz en la habitación. En la habitación o en el sueño, váyase a saber.
La Maga