Mostrando entradas con la etiqueta Escritos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Escritos. Mostrar todas las entradas

octubre 22, 2010

Nude

Lo que daría por estar ahí. La noche es fresca y debería llover, pero no. Se le suceden tantas sensaciones como palabras por su mente.
Y si lo empezara a creer? No.. para qué.
Nude suena de fondo, lo que daría por estar ahí. Por estar mirando un techo y recostada y desnuda. La situación lo ameritaría. Las palabras sobran.
Por la avenida escucha a los bomberos, a la policía, en la calle no hay un alma y los semáforos titilan amarillamente..



La cadencia de Nude la transporta a un lugar sin sirenas, sólo esa batería, ese bajo perfecto. Sólo esa sensualidad intrínseca que se transporta por la piel cual gota que recorre su fin; una mano que acaricia lentamente ese cachorro momentáneamente amansado que es ella. Ella cantando bajito y dejándose. El loop no importaría en lo más mínimo, sería en esa encrucijada, un imperativo categórico.
Por esa ventana que mira diariamente vuelve a ver las nubes cargadas y vuelve a pensar en él. Se avecina, la ve avanzando desde el este. Cinco minutos atrás cuando el balcón la sedujo con su aire, un satélite prístino se estampaba perfecto en la noche cerrada.
Y si en esta noche se dibujara una línea, sería con pequeñas imágenes que ella inventó. Porque nunca existieron, y lo más probable es que no existan. Don’t get any big ideas, they’re not gonna happen. Irse a dormir con esa sucesión pictórica en los párpados suena a buen plan, porque mientras que apaga la luz y se tira en la cama, el viento azota el ventanal y se estampan las primeras cuatro gotas y Nude comienza nuevamente...

La Maga

julio 20, 2010

Oda a la Sublimación.

Me molesta la imbecilidad humana, la vagancia de pensamiento, la flojeza de opinión.
Me crispa la cantidad de caretas que se empezaron a fabricar y que se utilizan cada vez con más frecuencia.
Me molesta la mentira, me molesta muchísimo. Me molesta que sea un asset preciado. Me molesta que también lo sea la vorágine diaria.
Me molesta que a las personas les ne frega niente hasta la gente más próxima.
Tengo un día del orto, a veces sucede.
Es uno de esos días en que dejaría todo y me iría al medio de la nada a escribir y a cultivar rúcula y demás hortalizas.
En días como estos me gustaría tener una idiosincrasia más pirómana y hacer explotar algo. Pero no la tengo.
En días así me gustaría cruzarme con alguno de esos hijos de puta que te ningunean y se creen súper cancheros-proactivos para romperle la cara de una buena piña, pero no le pegaría a nadie (salvo al Negro pero sería con tono lúdico, y este no es el caso).
En días como el de hoy debería haberme quedado mucho más tiempo en el psicoanalista.

APOCALYPSE. NOW.
La Maga

mayo 09, 2010

El caos es negro

"Caballo negro de las pesadillas, hacha del sacrificio,
tinta de la palabra escrita, pulmón del que diseña,
serigrafía de la noche,
negro el diez: ruleta de la muerte,
que se juega viviendo.
Tu sombra espera tras de toda luz."
J.F.C.

Lastimar. Lastimamos, nos lastiman. Cuando es sin intención, lastimar a alguien puede tener consecuencias que uno dista de anhelar. Cuando sabemos lo que puede causar obrar en off side, ahí se entra en otro terreno. A bancársela, que para eso existe la capacidad de reflexión, meditación, premeditación, premonición y demás "ciones". Los títulos de las carátulas cambian por alguna razón. Muchas veces, personas a las que lastimamos, a priori nos han causado un dolor tantísimo más intenso de lo que alguien alguna vez pueda explicar.
Siempre me pregunto por qué uno lastima sin querer a aquellas personas a las cuales adora, las lastimamos por carácter transitivo, directo o inversamente proporcional. Pero, la consecuencia es la misma. Causamos dolor.
La gente que me ha lastimado (no es una posición victimista, de hecho yo he lastimado también, quién no lo ha hecho?); con el tiempo como panacea me ha dejado alguna moraleja. Me pregunto, ya habiendo pasado por muchas experiencias si de más chica no habré sido la mismísima reencarnación de Lucifer. Quizá la prima, o la hermana. De pequeña tenía mi costado sádico a flor de piel. Resumiendo, era una reverenda hija del Averno. Ya no lo sé bien, no recuerdo, pero es probable que lo haya disfrutado. Es decir, creo que en algún punto estaba tan enojada con todo lo que me había tocado vivir precozmente que descargaba mi ira hacia el universo de la manera más destructiva posible. Cero ternura, quizá alguna que otra vez, pero solapada, extremadamente solapada.
Se que no soy más esa Marquesa de Sade de bolsillo. Bajo el puente pasó mucho análisis y tener, gracias a Jebús, la capacidad de poder escuchar lo que nos viene del otro y de poder ver los propios errores. Se entiende que uno debe hacer algo con ellos. No es agradable, claro está. Pero es interesante ver los frutos. Se llama implicancia. Para los que tengan síndrome de Superman aconsejo sacarse la capa por unos momentos y verse un rato al espejo con el catsuit y la mallita ridícula.
Hoy por hoy me toca escuchar hijaputeces como que me dan placer ciertas cuestiones, ejemplo: no hablarle a alguien que hace mucho me causó una de las desilusiones más grandes de mi vida. Aclaremos los tantos: si me lastimaste por tanto tiempo, no pretendas ahora que sea benevolente. Esto de ser puching ball, no. Si no contesto, es porque simplemente no tengo ganas ni de hablar ni de que me tiren un fardo que no me pertenece. Ya fue suficiente. Si te mandaste la cagada del siglo, aceptalo.
Por otro lado, y este es el lado más complicado , a veces nos encontramos en situaciones en las que lastimamos por no estar en la misma posición. Para mi es la peor manera de lastimar, porque uno lo hace a un ser que quiere profundamente y no hay manera de no lastimar, es inextricable a la situación. Uno se siente el peor ser humano viviente aún cuando te dicen que no lo sos. Que te quieren igual. Katana al pecho. Qué se hace en estas situaciones? Se hace como si no pasara nada? Si no es así, en qué lugar uno se sitúa o no se sitúa?
Es una mierda. Es una gran mierda. Es complicado y doloroso cuando alguien tan cercano de repente se te aleja definitivamente. Y uno sabe que es necesario, que son modos, que hay que dar lugar, que hay que comprender, que hay que dejar el egoísmo de lado y saber ponerse en el lugar del otro. No voy a mentir porque el amor merece más que eso. La gente que queremos y que forma parte de nuestra vida merece la verdad, merece no ser subestimada. Merece saber que uno los extraña si no están, y a su vez que son respetados, que estamos (porque estamos, que no haya dudas sobre eso), que seguimos viendo lo mismo, que los seguimos viendo aunque no sea sentados donde siempre. Que estamos presentes, a la distancia que nos hayan tenido que poner; siempre y firmes.

La Maga

abril 27, 2010

Memento

Ella caminaba en una suerte de estupidez autómata. Cruzó la Av.Córdoba con un envión casi suicida. Para no dejar que el instinto de autodestrucción la aniquilara, tomó aquel recuerdo de asidero. Para no dejarse ahogar por la vorágine humana mientras caminaba entre la multitud, se acordó de esa noche bastante fresca en sus párpados.
Lo que recordaba de esa noche eran flashes, que como diapositivas, lejos del Apocalipsis en Solentiname, podía trocar y poner en el orden que más le gustara. Su memoria, tenía un carácter que rozaba lo espeluznante. Guarda muchos recuerdos, algunos terribles, cual colección de dagas y katanas en casa de un samurai masoquista. Otros tantos le generan algo parecido al placer, o quizá otra sensación, pero no sabía, sus significantes estaban bastante trastocados.
Lo que recordaba de esa noche, extraña, era un viaje a altas horas de la madrugada hasta la puerta de un edificio, donde los ascensores estaban de huelga.
De esa noche, se guardó un recuerdo. Grabó una sensación que se asemejaba a la letra de una canción
“Exploring the taste of her…”. Una sensación que era ilegible tal vez. Un poco de juego que no precisaba palabras ni reglas, porque fluía, inexorablemente. Sabía, como casi siempre, que le faltaban las palabras capaces de abarcar su pensamiento. Fugas eternas, siempre. Difícil captar su esencia.
Lo que recordaba, lo que seguía en el aire junto a un aroma familiar, eran aquellas manos pequeñas rodeando su cuello gentilmente, lejos de la malicia y la sodomía.
Mientras ella caminaba por Florida un violinista en silla de ruedas, imágenes trágicas si las hay, hizo que volviera a añorar aprender a tocar un instrumento, de viento preferentemente y cantar aunque, no a la vez. Volvía esa sensación de sentirse torpe y limitada en términos instrumentales. Pensó que quizá su inevitable destino sería escuchar a Coltrane o Satchmo embelesada; y respiró profunda y gustosamente ante esa imagen. Ya no importaba.
De aquella noche en una misma cama, que salió de una galera sin conejos, recordaba sus quejas sobre la combustión de los autos cerca de las mesas de los bares; la disertación sobre cuadros a medio pintar colgados de la pared. Recordaba aquel cuerpo pequeño encriptado a su lado, sin demasiada voluptuosidad, pero de una belleza adamantina.
Recordaba despertar escuchando a Green Day diciendo
“She screams in silence”, y pensar que tenían mucha razón. Los últimos flashes, que como autos a punto de morir, intermitían en su pensamiento; pertenecían a una comparación con un Ramone y a ella bajando una escalera, porque los ascensores seguían en huelga.
Mientras volvía al trabajo esquivando gente por Florida, pensó que dos días la separaban de un nuevo año, a estrenar, con olor a auto limpio con el pinito colgando del espejo retrovisor. Quedaban dos días de un año, que salvo excepciones que la incluían, había sido funesto.
Todo este circunloquio, todos estos recuerdos de desayunos y delineadores compartidos, fueron escritos en papelitos mentales mientras caminaba por la calle. Para no dejar que el instinto de autodestrucción la aniquilara, recordó ese perfil en la penumbra cual Venus del espejo y esperó a que el semáforo se pusiera en rojo.

La Maga

abril 18, 2010

Ellos, existen?

Ellos existen. Tienen su vida, sus trabajos, sus amores y odios. En la historia del universo ellos son insignificantes. Se levantan temprano, y desayunan. Ella necesariamente toma jugo de naranja, café y come granola; él toma café y come tostadas. Se cruzaron varias veces sin cruzarse en el centro de la ciudad, cada uno haciendo y deshaciendo teorías en sus cabezas; buscando respuestas a preguntas que jamás se hicieron. La palabra, podría decirse, los une de una manera particular. La palabra escrita, más específicamente escrita por otros. Quizá la de ella; a veces la de él también. Ellos existen, y respiran el aire poluto que se desmigaja en Corrientes y Paraná, donde ella muchas veces esperaba cruzar la calle para llegar a las puertas del Teatro San Martín en busca de ciclos de cine. Muchas noches, muchas más tardes, el décimo piso del mismo teatro la sintió mirar a través de los ventanales. La majestuosidad de la vida ahí debajo, los autos pasando, la vida pasando aún más rápido. Sentir vértigo sin sentirlo verdaderamente. Viendo cómo el ascensor se abría a cada rato para vaciar la sala repleta de gente satisfecha con dos horas de buen cine. Ella mirando por el ventanal, con una amplia sonrisa interna, sabiendo que todo eso era una gran mentira.
Ellos existen, Arbolito y Gurrumina existen en la ciudad lavada por la lluvia matutina de algún día del mes de julio. Él desteje temores, desteje escritos, desteje una historia que pudo haber sido pero que no encontró el camino correcto. Arbolito mira desde arriba, imagina mirar desde arriba a la Gurrumina. Gurrumina, se hace una cola de caballo en el pelo y cruza la avenida Córdoba. Buscaba sin buscar al Arbolito, estuvo mucho tiempo escribiendo en papelitos amarillos que se pegan, pateando latas y piedritas tratando de encontrar a un fantasma.
Un día el azar los puso en el mismo bar de la calle Reconquista al reparo de la lluvia. Ella estudiaba furiosa cerca de un cortado, y él entraba con su gabardina a cuestas manchada de gotas suicidas. Una mirada lejana se cruzó entre ellos pero no más. Sólo la sensación en el aire quedó. Esa sensación.
Ellos existen, discuten sobre política, él más fervientemente que ella. Discuten sobre ciencias humanas, ella más fervientemente que él. Discuten sobre Hegel, Foucault, Heidegger; discuten sobre Bourdieu, sobre Althusser, Tocqueville y Lacan. Sobre la actualidad, y sobre el pasado. Discuten en un sentido amplio, otras veces en un sentido concreto. Discuten como un ejercicio mental, como un ejercicio del poder, como estrategas al acecho. Juegan a discutir para no estancarse, para no dormirse en el tedio cotidiano y arrasador.
Ellos existen, muchos saben de su existencia. Muchos en silencio han deseado que el azar los choque de frente, otros, todo lo contrario. Muchos, cual Corte Suprema, han debatido en extensas jornadas su futuro, el fallo no se dio nunca a conocer.
Ellos existen. Tienen blogs donde se los puede leer, tienen bibliotecas repletas de libros; libros que se repiten en una gran mayoría. Entre ellos, ella tiene una edición especial cuidadosamente dedicada, de Violín y otras cuestiones. En cambio él, tiene o tenía unos Papeles Inesperados perdidos por ahí.
Ellos existen, no cabe ninguna duda que ellos existen, que se levantan cada mañana sin tener la menor idea qué será lo que el azar les depara. Ellos existen sin saber que existen en la cabeza de un Arbolito y una Gurrumina que los escriben y describen en blogs, y en papelitos amarillos que ya hace tiempo, perdieron su pegamento.

La Maga

marzo 24, 2010

Hay escritas infinitas palabras

No sé cómo empezar, tengo un enjambre de pensamientos dispuestos a ser desenredados, pero aún no sé cómo.
Desde que me recibí, mi super yo se licenció también en sadismo; y eso no es bueno. La pregunta que aparece es qué hacer.
Y ahora? Au boulot! Claro, ojalá fuera tan fácil. Ahora el camino es aún más vasto de lo que imaginaba, la cuestión es elegir uno de las tantas bifurcaciones. Ya averigüé para empezar un postgrado, claro está que no será hasta el año que viene. Seminarios, miles.. de los cuales opté por tres. Bien ahí, se reduce un poco más. Y hay otra idea, que carcome, el “paper”. Desde que terminé con los textos de la última materia me obligué a buscar temas para investigar, por lo cual miré mi biblioteca y dos libritos me llamaron la atención. “Las palabras y las cosas”, de Michel Foucault; y “Qué significa hablar?”, de Pierre Bourdieu.
Hay algo allí en el orden del discurso que siempre me atrapó. Muchos subestiman las palabras, subestiman lo que dicen, como si hablar fuera gratis. Pareciera que sí. No tienen esa sensación de gratuidad cuando escuchan? Cuando uno habla, como ya he dicho alguna vez tomando ideas de Echeverría, se compromete con aquello que dice. Cuando uno, ante un interlocutor emite un enunciado, se hace, o debería hacerse cargo de aquello que sostiene. Todo esto viene a que cuando uno habla crea un mundo, y ese mundo que está construyendo en general lo muestra. Es muy de esta época el andar mostrándose. Cada uno hace de su culo un encofrado y sostiene momentáneamente el edificio que más le guste. Publicar acá también es mostrar cierto aspecto de uno. Habrá que ver el uso que uno hace de las herramientas que tiene a la mano. Vuelvo.
Estaba en crear el mundo con las palabras. Uno con las palabras tiende puentes, levanta muros, invita a jugar; las palabras son grandiosas a veces, y son de lo más funesto otras tantas. Piensen en situaciones, donde dos o tres palabras pueden hacerte sonreír un día entero o querer meter la cabeza en un agujero. Recuerdo sesiones de análisis donde las mismas palabras podían significar cosas que ni imaginaba, podían abrirme todo un nuevo panorama y hacerme pensar: “ya lo tengo, ya entendí todo”; y quizá otras veces esas mismas podían hacerme estallar en un llanto profuso que luego se traduciría en una sonrisa post-catarsis. Las palabras son magníficas; y lo son por toda la variedad de acciones que estas nos ofrecen.
Conocí varias personas que crearon su mundo con palabras, palabras pomposas, palabras que no reflejaban en casi nada la realidad “real” y ese mismo mundo lo vendieron cual excelente agente inmobiliario. Ahora bien, uno decide creer en las personas, porque si uno no cree se vuelve un escéptico de mierda. Convengamos que no le creo a muchas personas, y es una chorrada; creo que prefiero ser aquella que creía a no creer una palabra de lo que la gente me dice. No es con todos, en efecto, hay gente a la que le creo porque me ha demostrado que la parte del mundo que comunica se condice, pongámosle, con la “realidad”. No voy a profundizar en la concepción de la realidad porque es un tema aparte, y espinoso (como el sujeto de
Žižek).
Y aquí quería llegar. A la mentira y a sus consecuencias. Qué se hace con eso? No tengo la más recalcada idea. Y no hablo de la mentirita blanca e inocente de decirle a tu mamá: “me fui a lo de una amiga” y en realidad te estás revolcando descocadamente. No. Hablo de la otra, de la que no hay vuelta atrás una vez descubierta (aunque quizá tu madre no te deje volver a tu casa por casquivana). Hablo de la mentira irremontable. Todavía me sigo preguntando qué hacer con los kilos de ladrillo hueco que uno ha comprado y que resultan ser uno de esos tiempos compartidos inexistentes en Kualalumpur. La parte que a uno le corresponde es comprar (compren y consuman y serán felices!). Nos hace cómplices? Me hace una imbécil seguro.
Creo que todos nos hemos preguntado si preferimos la cruda verdad o si somos capaces de vivir con una mentira haciéndonos cucharita. Ah, la era postmoderna y sus recovecos; sus ilusiones y sus millones de trampas. A medida que ha crecido el panoptismo cibernético, y su concomitante paranoia; parece haberse creado un velo de “todo vale”. Queridísima Juno, ya hace miles de años atrás en la mitología teníamos dos caras. Sé que no soy la única que siente esta vorágine, esta sensación de fuerza centrípeta que nos expulsa a la nada y su contracara centrífuga nos chupa al centro de un agujero negro lleno de “cosas”. El Samba de la postmodernidad y su Imperio, nos ha llevado a un lugar sin centros fijos donde todo está en todos lados y en ninguno a la vez.
Me fui otra vez. La mentira; demasiado amplio el concepto. Qué se prefiere? La cruel y cruda verdad, hablo por mi. Ni andar suponiendo que es una obviedad (cómo odio lo
ob-vio!), ni ir sweet-coating la verdad; porque sería casi un insulto a nuestra capacidad de metabolizar. Y aunque como herramienta a la cual la humanidad ha echado mano desde el principio de los tiempos; uno debería saber cuando decir enough already y dejarse de joder. A hacerse cargo. Si decimos algo; lo más lógico sería responder por nuestras palabras.
He mentido, tampoco soy una Carmelita descalza. Por no querer mentir he estado involucrada en una relación -pseudo- bígama (sí, los dos sabían; no, no me casé) durante un año y medio; lo cual fervientemente NO recomiendo (ni la mentira, ni la bigamia). Aún así, con sus idas y vueltas, me mostró el lado dulce de la verdad. Desde ese momento he tratado de evitar la mentira (que a veces pareciera ser un activo preciado) y el: “pero si es ob-vio!”.
Claro está que si uno prefiere el camino negro que tome la General Paz y luego a bancarse sus efectos. Lo lamentable es que uno también tenga que, en ciertas ocasiones, ser afectado y verse “privado de”; porque la mentira a uno le quita la posibilidad de elegir.
De frente manteca.
No subestimen las palabras.. son las que hacen andar al mundo (junto con la globalización, el libre comercio, y las privatizaciones; claro).

La Maga

agosto 30, 2009

"Buen día.."

Y por ahora, no estás conmigo. Pasa un fin de semana más, de tantos otros sin vos. De todos estos sin vos. Pero este es diferente, quién sabe, los próximos también. Estás a la distancia de una mano, como decía Julio: "Tendí la mano y toqué el ovillo París". Estás cerca, tan cerca besándome la frente, tan hermoso como siempre, igual que el primer día que tu figura se erigió ante mi cual Sequoia. Y a la vez tan lejos de esas camas compartidas, de esas cajitas de cenizas, del anhelo de trepar tu metro noventa para decirte "Buen día".
Y despierto en la noche soñándote a mi lado leyendo ciertos despistes y franquezas, con tu mano rozando mi pierna mientras la otra acaricia las páginas. Y me arrebata el pensamiento una imagen de otra persona que en espejo comparte en la realidad todo eso que yo estoy soñando. Y puede ser así, o no. Pero la mente a veces nos muestra diapositivas de un futuro en el que el espejo es la realidad, y una, sólo es sueño.
Y recurro a la respiración, a contar respiraciones, a imaginarme un cielo donde las nubes pasan y no se quedan, a buscar el pedacito despejado. A la vez, un segundo antes de acurrucarme en el sueño, te pienso y te enumero. Y todo es más dulce, quiero creer que ese día llega y no es lejano, que estarás ahí mostrándome que una es la realidad y no el sueño que teje, porque un segundo antes de despertarme escucho cómo te sentás en la cama, acariciás el ovillo Maga y comenzás mi día con un: "Buen día, Gurrumina" y un mate con miel, silvestre; claro está.
La Maga

mayo 17, 2009

Wohl einem jeden, der seine Orte der Dauer hat*

Con la nariz metida en un apunte odioso, se acerca sigilosa mi madre y me dice: "Murió Benedetti".
Se me paró el corazón, menos que a él, pero por tres, cuatro, cinco segundos, se me paró el corazón, como a él.
Me levanté reboleando los apuntes, lapiceras, resaltadores, el cuaderno donde resumía el texto, para comprobar esa nefasta noticia que me habían dado. Sabía que estaba en un estado crítico, leí un poema de él, como Saramago nos había pedido en su blog, a aquellos que lo leímos (leemos), y a aquellos que no también, supongo. Fui en busca de agua para tragar la noticia, pasé por el espejo y vi que tenía la cara repleta de lágrimas, silenciosas pero ahí, presentes, saltando de manera incontenible hacia el vacío, como una nena a la que le arrebataron su juguete.
Hace diez días exactamente me dijiste: ".. Además, sin Luz, ya nada debe tener mucho sentido..", esa frase hoy se me impuso, y recordé haberte dicho que a Cortázar con la Osita creía que le había sucedido algo parecido. Quiero creer que existen esos amores todavía, quiero creer que después de tantos años compartidos algo se pierde y deja de tener sentido continuar acá, de este lado. Bien romántica la idea, quizá la única que tenga, y me hago cargo y la sostengo. Creo que se puede morir de amor, tal vez ellos, que son de épocas anteriores lo pueden demostrar más que la generación actual. Ahora gracias si alguienes (sí, alguienes) permanecen más de diez años, es casi meritorio, y la verdad.. dadas las circunstancias actuales, es todo un mérito. Quiero creer que existe el hasta que la muerte nos separe, que te puede fallar el alma en todo si una Luz, una Osita, una Pilar, una Simone, se te van de la vida. Me aferro con uñas, dientes, pies y manos a la idea.
Ya sé que agarré la General Paz y terminé en el Camino Negro, pero volviendo.. Mario se nos fue, habrá visto la luz, a su Luz? Sólo me imagino que sí, no veo otra opción "A luz, mi mengana particular". No veo otra opción porque lo he leído. Todavía recuerdo entrando al cuarto de mi hermana mayor, la del medio, despacito y hurgando en su biblioteca, donde dos volúmenes me llamaban particularmente la atención, sí, los Inventarios. Que leía de a pedacitos, y copiaba frases que me maravillaban. "Qué triste es ver cerrarse la alegría sin previo aviso de un brutal portazo", me parecía de una fuerza intrínseca incomparable, de esas frases gráficas como la hostia madre. Todos alguna vez sentimos eso, un portazo en la napia que te deja sangrando el cuore por tiempo indefinido. Fue el tiempo en que yo estaba veleteando en la vida sin rumbo. Tiempo en que compartía entre mates y tarea de alemán un Credo y una Ausencia, allá por mis pagos de Haedo. Hasta dejar toda mi infancia en esa casa gemela con una gran mudanza. Y así despacito, fui adentrándome en el mundo de este uruguayo, hasta difinitivamente afanarle, porque se los afané (pero sin culpa porque a ella no le gusta tanto), los dos tomos a mi hermana, cortesía de la mélange de la mudanza, claro está.
Y así seguí, ratoneando entre las hojas un millar de veces. Hasta que un día: "usted es la respuesta que yo esperaba a una pregunta que nunca he formulado" cobró un sentido inextricable, andá a desenredar eso ahora. Y Mario, en esta etapa se hizo voz. No su voz recitando continuamente en el reproductor "Soneto kitsch.." o "Semántica práctica", aunque también. Esa otra voz profunda que me contaba que "el fulano sentó cabeza con la undécima mengana que dormita a su costado".
Y hoy. Hoy que se fue, y si me pongo quinielera digo que en un día diecisiete que es la desgracia. De cualquier manera, Mario dejó el más acá en un día nublado y frío. Y yo seguiré sosteniendo que se fue con Luz, porque soy cursi o utópica, sea cual fuere, me importa un bledo. Me importa que yo sigo escribiendo y secándome a manotazos las lágrimas, porque como dijo él: "Cómo voy a creer / que el mundo se quedó sin utopías [...] Si vos / mengana dulce / osada / eterna / si vos / sos mi utopía."

* Feliz aquel que tiene sus lugares de duración.
La Maga

marzo 09, 2009

Amuse Bouche...

Écoute et lis!

Es posible, aunque no parezca. Es posible o eso quiero creer. Mientras uno va delineando las palabras, tenemos un vasto mundo que parece alcanzable con sólo estirar la mano y tocarlo. Ahora que lo pienso, no sé si es tan posible. Pero aun así, quién no ha perseguido un imposible?
Es posible que una boca sea todo lo que existe. Cómo? Pas d'idée.
El macro: Un cuerpo masculino. Otro cerca, muy cerca, femenino. Ese tipo de cercanías que deja al más célibe, pegado a un rosario por varias semanas.
Pensemos en un plano secuencia. Dos cuerpos, Escribe tu propia historia, yo sólo marco la huella.
Plano secuencia con zoom in. Se van cortando los cuerpos, las piernas desaparecen en una cadencia que no permite extrañar la imagen, se siente que está de más. Los torsos inválidos de manos, se desdibujan en una suerte de piedra chocando contra el agua. Una mano reaparece, se posa en un cuello que pelea por mantenerse en escena. La mano vuela bajo, suave; como recorriendo el cuello de un gatito mojado.
Sólo nos van quedando dos perfiles. Ojos cerrados que espían de vez en cuando. Narices que luchan por un territorio virgen, se chocan torpe y naturalmente.
Dos bocas que juegan, que se enfrentan en una batalla por la supremacía, por el todo; la lucha por ese dominio dulce.
No se puede abarcar en un plano el pensamiento, a menos que utilicemos el recurso de la voz en off. Pero no aporta nada a la historia. Las palabras no llegan, las palabras borrarían la imagen. Es un pensamiento vacío. O casi. Inabarcable. Inabarcable explicación: Inexplicable. Está sin estar. Es tan una palabra plena que se fuga de significado de tan solo ser.
Esa otra boca que está allí es lo único que existe. El mundo está desierto. A lo lejos se puede escuchar algún sonido, el aire de la noche, o del día, según le plazca al que inventa la historia. El mundo está desierto, y lo único que Es, es esa boca. Quizá lejos, y diametralmente opuesta, la otra. La que piensa sin pensar, la que mira absorta esa boca que se convirtió en un zahir. Ya no hay alarmas, no hay un sonido que corte esa fijación perturbadora. No hay horarios, no hay guerras, ni las hubo. No hay ya Historia. No hay informes meteorológicos anunciando los 35º y su concomitante sudor. No existe el suave ronroneo de las aspas del ventilador. Sólo hay, en la lontananza, la tibieza de algo que pertenece a esa boca, al más allá de esa boca. Algo que todavía la hace pulsar, la hace existir en todo su esplendor. Permanece y quizá ya no. Pero eso no importa. Por ahora no. En este plano, solo existe una boca entreabierta que es besada, que es recorrida paulatinamente, que es mirada por unos ojos que están por fuera pero que son la fuente misma del relato. Lo es así también ese pensamiento latente, que teje la historia en una inconsciencia típica de un cuerpo librado al goce. Pero en ese pensamiento hay un “no a lugar” que se repite constantemente, como la respiración entrecortada de esa boca húmeda. Esa boca ahora lo es todo, es el Zahir por antonomasia. Es la nada, si nada de nada es todo. Pero ya no existe alrededor, sólo este pensamiento prófugo, y esos labios que parecen regenerarse a cada instante.
Es muy probable que la historia del universo esté resumida en ese zahir, algo tan vasto, algo tan incógnito, en algo tan pequeño a comparación. Olas de pensamiento que se topan con una muralla. Torpeza propia del momento, que no hace más que mejorarlo. Aquí sólo hay gracia y el elogio de la dilación.
Es posible, sí, o eso creo. Esa boca, tan perfectamente imperfecta. Esa boca que se funde con el río pequeño de aguas arenosas. Esa boca que bebió del río eterno, por relatarlo con solemnidad impoluta y que precede toda historia. Que en un ciclo sempiterno se restituye y emerge otra vez implacable. Precede toda historia y la escribe, la hace a su vez. Quizá no sea la vasta historia del Universo, ni un poco más pequeña aún la de El Inmortal. Quizá escriba una historia diminuta, ignota en la majestuosidad de esa otra Historia. Un relato que alguien escribió pensando en imágenes que no podía dejar de ver, no podía dejar de sentir. El relato de un pensamiento que se escapa a la significación, porque no puede ser dicho. Esa boca aún sin beber del río de los inmortales, se volvió tal. No quedan palabras, porque no las hay; pero este plano secuencia se conforma con las imágenes de un recuerdo.
La Maga

diciembre 18, 2008

Lío de sábanas.. y no solamente..

Se cepilla los dientes, se lava la cara y con una mano torpe, manotea una toalla y se seca. Movientos estereotipados en la madrugada, lociones, cremas, "No vaya a ser cosa que". Se mira al espejo, se dedica una mueca de desprecio, la misma que hace tantos años, la misma que se dedicó antes de tomarse cuarenta tranquilizantes con un café con leche, sin lograr su cometido. Se pregunta por ese reflejo vil, tan alejado de su infancia, esa infancia tan alejada de una mente carcomida por la indiferencia del mundo. Se pregunta cual será su posición en la cama, si es que estará durmiendo o estará acompañado por alguna fémina que conoció en aquel bar. Ese mismo que ella escuchaba a la distancia, de fondo, en una conversación telefónica. Se pregunta por la disposición de sus piernas, largas, infinitas, si pelearán entrelazadas contra una sábana, o con otro cuerpo cálido. Se pregunta por qué no será su piel la que roza esta noche, seguida de tantas otras. A lo lejos, una sirena suena desde que llegó de madrugada. Mucho tabaco, mucha risa, más anécdotas.
Él se erige, siempre, ante su pensamiento. Cuánto faltará para volver a ver esos dientes divorciados, esa boca fresca, boca de papaya madura. Qué dibujos estarán trazando sus manos, sobre el colchón. Si será el de su cuerpo, ahora semi-cubierto por una musculosa estirada, o el de la chica del bar.
Recuerda un afiche promocionando un ciclo de cine francés. El Teatro Colón, cubierto en su desnudez y en su curiosidad ante un beso tiernamente torpe y ansiado. Un convento que sonrojó a más de una monja ante tanto cariño. Un cigarrillo compartido. Lo sabe lejos, más de lo que imagina, y no precisamente por la geografía, aunque quizá también. Son las 3 de la mañana en Buenos Aires y la lluvia, que hace doce horas no cesa, se pregunta la razón por la cual estos dos cuerpos aún no se sumergen fusionados. Ella también se lo pregunta, acomodando sus almohadas. Y antes de apagar la luz, en ese nano segundo que antecede al click de la ficha, se pregunta cuándo el amor los hará a ellos.
La Maga

noviembre 12, 2008

"Y me apunto otra derrota..." No.. V de Victoria

Lo que puede traer consigo una canción. La escuchó al pasar, cuando volvía de trabajar. Le sonaba familiar pero... lo que puede hacer la memoria. Se le pegó el estribillo como chicle viejo. Algo había por debajo de esas palabras. Buscó en internet la canción, y allí apareció. La risa de su hermano camino al tatuador. Ella, maniaca, saltando y repitiendo esa canción como enarbolando la bandera del fracaso. Esa canción, molesta, "catchy", pedorra, porque lo es, pero hay cada basura que a uno se le pega (O me va a decir que nunca escuchó una pedorrada? Quiero ver quién tira la primera piedra así voy a darle la mano). La cuestión es que la tenemos a ella saltando por las calles hastiada del hastío. Hastiada de sentirse una reverenda imbécil ("El Reverendo O'Hara dijo que un solista como yo..."). Hastiada de andar regateando por una pizca de cariño (aay.. pobrecita...). La noche transcurrió serena, pero de la nada soltó una carcajada estrepitosa. Amplia, sincera, como riéndose de si misma, como de costumbre. El motivo de tal estruendo jocoso fue la rememoración de un episodio de hace ya unos cuantos años. Ella, cual agua a 100º en la escala de Celcius, bullía de ira, violenta como pocas veces, casi atraviesa una ventana con el puño. Esto había sido, recordó, porque el que por ese entonces era su pareja de ya un tiempo, le había dicho unos días antes que su celular no funcionaba. Ella ingenua, como siempre, le creyó. Pero unos días después, su yo paranoico hizo que lo llamara ocultando el número. Voilà! lo que le había dicho el muchacho faltaba a la verdad, atendió. Era claro que no quería hablar con ella (cuando dejaba aparecer el número no atendía). Enfurecida, dejó pasar unas horas y llamó a su morada. Y como no podía saber quien era, la atendió. Ella le preguntó que tenía pensado hacer esa noche, a lo que su pareja le contestó: "Todavía no sé que voy a hacer, si salgo con los chicos o qué, si no hago nada te aviso". La cólera de ésta mujer no entraba en los cánones históricos de la ferocidad. Cual Lady cortó amablemente, pero ni bien apretó el off del teléfono lo revoleó atinadamente contra una pared. Esta vez el enojo rozaba la violencia. Era el puto Plan Z, el último orejón del tercer tarro. Cegada, se fue a bañar, se vistió lo más femenina posible. Este ser solía pedirle que tratara de ser más femenina, a lo cual ella normalmente respondía con un golpe. Así partió ella para el hogar de su "algo". Tocó la ventana y al aparecer sólo le dijo "Abrime". Comenzó, en silencio, a buscar sus pertenencias. Él no entendía nada, y le decía "Pará" o "Qué te pasa?", "Vamos a hablar". El azar de vez en cuando nos tira una soga, y en este caso hizo que sonara el celular de él. Sonreía por dentro. "Mirá qué bueno! ahora te funciona", pronunció. Nada más. Y mientras, seguía recogiendo sus cosas. "Dame la musculosa" le dijo, él se negó. "Dejá, la busco yo". Él seguía diciéndole que hablen, le preguntaba qué le pasaba, y ella sólo decía: "La musculosa", y él se negaba. "Ok, metétela en el orto". Tomó las llaves, abrió la puerta, y se las tiró por la ventana. Bajó las escaleras y se detuvo. Pensó: "Quiero mi musculosa." Subió, tocó la ventana y la reclamó. Ya enculadísimo, se la dio. Se arrepintió ni bien golpeó el vidrio, pero era tarde. Igual sabía en el fondo que estaba bien. Y aunque tenía 700 musculosas iguales, no quería que alguno de sus yo algún día reclamara justo esa. Sabía que había perdido credibilidad, no era la primera vez, y no fue la última, pero no le interesaba explicarse. En si, haberlo hecho, le había generado algo parecido al placer. Sabía que a su pareja le importaba tres carajos. Pero ese día algo hizo un click, la "limitadita" se había cansado de amanecer en esa cama escuchando a Longobardi. Sabe que tiene cara de pelotuda, pero siempre le molestó terriblemente que se lo recuerden.
Cuantas carcajadas te puede traer una canción, no?
La Maga

julio 28, 2008

No sabe distinguir al amor de cualquier sentimiento..

Yo creo que le enseñaron así. Creo que no sabe muchas cosas, entre ellas, a distinguir sentimientos. Le dice iceberg. No creo que esté en absoluto equivocado. Es un iceberg. Quizá por eso nadie se enamoró de ella. Ella lo sabe bien. Lo dice, y no con orgullo. Quizá hasta con un tanto de melancolía y otro tanto de dolor superyoicamente ejecutado. El orgullo no está precisamente en ser un iceberg. El orgullo está en no dejarse ver tal y cual es, a todos los seres. Ella se pregunta para qué gastar energía en gente que no le importa. Acaso es necesario? Acaso uno debe andar ventilando su más profundo ser cual exhibicionista, a todos? No creo que quiera mostrarse exactamente como es. Muestra su parte odiosa. La soberbia y pedante. La que dice absolutamente todo, y no de la mejor manera. La que molesta, la irónica, la oscura, la que no mide demasiado el efecto de sus palabras.
Debería mostrar su otro yo? Ese que sale en la penumbra de una habitación, ese que se saca los anillos, los aros, el reloj, y por sobre todo, la armadura? Quizá si. No sabe la respuesta. Ya he dicho, creo que no sabe muchas cosas. Lo que sí sabe, es que prefiere que vean la punta del iceberg. El resplandor de la armadura, obsesivamente lustrada. Quizá así, cual tamiz, va midiendo quién es el que quiere clavarse la escafandra o los guantes de amianto. Quizá es, probablemente, por eso que nadie se enamoró de ella. Quizá nadie se enamoró porque es jodida como la hostia madre, o porque es fría como un iceberg. Yo sé que no. Pero esa es otra cuestión. A quién carajo le importa lo que yo piense. Acaso, importa si es un iceberg?
Tal vez, baje la marea, quizá entremos al mar por la parte más honda. Quizá se rompa el iceberg en mil pedazos, tal vez el calentamiento global lo termine derritiendo.

O, quién sabe, acaso aparezca un pingüino... o no.

junio 23, 2008

Realidades alternativas

(Écoutez!)
Cantaba alguien ni bien llegó, no recordaba ya quién. Un ambiente cómodo, con poca luz. Podría describirlo, sabía que contaba su memoria para hacerlo. Vio a Fred Astaire, y a una loca de piernas largas, que bailaba lo que nadie. “A les yeux”, como se debe, astringencia en la boca, demasiado alcohol, un merlot a tachar de la lista. Frío, hacía frío, mucho, pero afuera. Cambió al espirituoso, siempre la mejor opción para su paladar novato. Al natural, para sentir en su boca ese particular juego de sabores tan distintos y tan bien conjugados. Bailar es la opción cuando Ella y Louis cantan, o en su defecto imitarlos, mal, pero imitarlos y reírse, reírse por sobre todas las cosas. Quién no podría hacerlo cuando la luz es tan tenue, el vino es maravilloso y hay dos maestros cantando y logrando borrar todo lo que hay en tu mente. “Indeed”. Banda de sonido en la vida, creo que podría eternamente ser ésta. Acercarse, aun más, acariciarse, aun más profundo. Llegar a atravesar las capas, de ropa, de mecanismos de defensa, de caparazones. Sacarse la ropa de a poco, los anillos, los relojes, los aros, dejar la armadura un ratito, colgarla en el respaldo de la silla, no vaya a ser cosa que… Un cigarrillo, dos, tres…Sakamoto y Morelenbaum de fondo, quién podría cansarse de escucharlos? Lío de sábanas, de frazadas, de refugios, líos de la cabeza, de realidades, puf!, saber que la realidad real se encuentra afuera, tan cerca, tan del otro lado de esa ventana, de esa persiana, de esa cama que se desarmó varias veces. Mecanismos que hacen encriptarse en un aroma a piel, en vez de escuchar halagos, siempre tan difícil recibirlos, siempre desacordar con las percepciones ajenas. El cuore en la mano, dos miradas sobre lo mismo, guardalo un ratito, tenerlo mucho afuera hace mal. A veces, en ese afán de huir de la realidad tal y como el mundo la ve, es mejor optar por las alternativas y quedarse enfundado hasta los ojos, una mano torpe, un vestigio de sueño, palabras que no son de este idioma. El famoso dialecto onírico, seguí hablando lo que se empieza a formar en tu inconsciente mientras resbalás al sueño. Mañanas nubladas que no hacen más que favorecer a quedarse guardado. Sigue el frío en este piso, sigue Caetano con bifes a la plancha y pepinos salados, o una opción menos rayuelesca, un desayuno con huevos revueltos, jugos de naranja y pomelo, palta… si, si… palta, café, mate, dulce de leche, chocolate ¿por qué no? Más Ella y Louis, más de todo, más caricias, más besos, más abrazos, más armaduras. Más Portishead en vivo, súper sensual, y la piel.. la piel que es lo que al fin y al cabo comanda todo, bueno no todo, la piel combinada con otra piel, la mental.. Y llega el frío, el frío de afuera, el de verdad, el que te mete un cross de derecha, el super yo del informe meteorológico, el que también atraviesa todas las capas, pero sólo las de la ropa...

abril 12, 2008

Troisième fois...

Me lo contó mientras pedíamos un café en el bar de la esquina del trabajo. Reía, no a carcajadas, más bien con esas muecas que denotan cierto distanciamiento, cierto desinterés. La tercera es la vencida, me contó que pensó.
Bajó del subte. Una música acompañaba sus movimientos, una música que marcó una etapa, que marcó un placard en su antigua morada. Prendió un cigarrillo, quizá el último del día. Pasó por un kiosco, compró un par de cosas y preguntó por una calle. Cruzó Cabildo mirando cuidadosamente, ya era de noche y había guardado sus gafas. Hacía calor, últimos días de calor, su perfume ascendía e inundaba su olfato.
La había visto el día anterior salir del trabajo, dejando una estela de perfume, muy particular, muy de ella. Le dije que la pase bien, que disfrute.
La tercera es la vencida, seguía pensando. Cruzó Cuba y un mensaje sonó en su celular "Cuándo llegas?". Contestó mientras doblaba la esquina, "Bajá a abrirme". Intentó guardar el apunte en la mochila, pero no podía, tenía todo revuelto, campera, apuntes, el cuaderno de la facultad, el kit de viaje ¿a dónde?, un tupper con su comida obsesivamente elegida. Tocó el timbre y una voz nasal contestó "ahí bajo", sonrió. Esa voz le traía recuerdos de una foto sacada en una fiesta espantosa presentando el Mini Cooper, del Carolina Hererra 212, de una cama compartida con amigos que nadie le creía que no terminara en Menàge-a-trois. Yo si le creía, más allá de lo que los demás creyeran, percibía algo en ella por fuera de lo chabacano del momento. Recuerdos de una borrachera pseudo-infiel, un fetiche de pies esmaltados con rojo. Pero no le traía recuerdos de la segunda vez, mucho menos de la primera. La tercera es la vencida, y había pocas dudas que lo era. Pero se dejó embriagar. Se obligó a no pensar, a no dejar que nada irrumpiera en su pensamiento, aunque bien se sabe que irrumpió más que muchas veces. Quizá nuestro ahínco la alentó a aventurarse para que despejara su cabeza.
Se saludaron desapegadamente, con un diálogo que dejaba entrever el poco interés, dos palmeras a kilómetros de distancia que sólo coincidían en el viento que las movía. Ella eligió una película que ya había visto y le garantizaba dos horas de risa. Comieron en la cama. Dos palmeras, una película española, un título lúdico. Sentía que no debía estar ahí. Sabía que no debía estar allí. Pero quiso probarse que tenía razón. Fiasco, es una palabra enormemente pequeña. Solo recuerda estar despierta a las 3 de la mañana repitiendo "la tercera es la vencida" y ya no quedaban sombras de duda en esto. Durmió mal, se levantó con ansias de huir. Se despidieron en una esquina como dos amigas que mucho tienen por ocultar. "Te llevo?" "No, gracias, mejor camino" le contestó al tiempo que tapaba sus oídos con música y soltaba su cabellera para que se secara. Se pasó las manos por la cara. Acomodó su mochila y cruzó Cabildo cuidadosamente. Mientras se confundía con la gente lista para ir a trabajar pensó lo que me dijo más tarde con un café de por medio: "Troisième fois... c'est le dernier fois".
La Maga

marzo 19, 2008

Crónica de una mirada..


Llueve a gritos. O por lo menos hasta hace un rato gritaba. Volvía del trabajo en el tren y terminé un capítulo de un libro, lo cerré, estaba llegando a Liniers y miré por la ventana. El cielo estaba gris y a lo lejos por las vías se iban recortando las siluetas de los galpones abandonados. Alguna que otra luz en alguna ventana, muy Polanski en "El cuchillo bajo el agua". Siempre me genera un nudo en el estómago pasar por ahí y ver la cuasi oscuridad plena. Algo parecido sentí en el subte. En todos los medios de transporte que tomé en estos días, había gente que me hacía pensar lo grotesco que puede ser un escenario tan común. No por la persona en sí a la cual se dirige la mirada, sino por la gente que posa su mirada en esas personas. Dos días seguidos. Dos travestis. Uno en el tren, otro en el subte. Ambos se pararon al lado mío. Dio la casualidad que ambas veces en alguna dirección opuesta a mi había un hombre. Uno, un señor mayor, entre perdido y con cara de "La juventud se pierde", que no podía parar de mirar a esta mujer, para mi por lo menos es mujer. No podía sacarle los ojos de encima. Estos destilaban cierto dejo de asco, sentía que se iba a parar en cualquier momento y le iba a decir algo. Miraba todos los detalles. El señor se daba cuenta que yo estaba mirando que miraba. No me llama la atención un travesti. Por ahí me fijo cuanto pudo lograr su transformación y me pregunto si serán felices en un cuerpo que parece no pertenecerles demasiado, o si, quién carajo soy yo para hacer tal comentario. La cuestión es que esta primera mujer había logrado bastante bien el resultado. Yo solo la sentí al lado mío. Pollera blanca, remera, tacos. Por lo único que reconocí que no era una mujer "XX" fue por el tamaño de sus manos que se posaron cerca de las mías. No podía disimularse mucho el vello creciendo, y, probablemente depilado dolorosamente. Pero más que eso, no podía dejar de mirar al hombre frente a mí. Este señor alternaba su mirada entre la mujer y yo, que tal vez lo estaba mirado bastante mal ante su mirada de desprecio. Al fin de cuentas, hice algo parecido a lo que estaba haciendo él. No sé como habrá terminado la secuencia, me fui a otro vagón antes que bajaran. En el subte sucedió algo similar, solo que esta mujer conservaba aún, varios rasgos masculinos, entre ellos, la sombra de las 8 de la noche. No vi mucho la vestimenta, otra vez si, las manos, esta vez con terribles uñas largas perfectamente pulidas y arregladas. Frente a mi, un señor, alrededor de los cincuenta que no paraba de mirarla. Esta vez, la mirada era como de desconcierto. Al lado del señor una nena de veinte años que no paraba de ladear una sonrisita pelotuda que me violentó bastante. Pero no dí mucha importancia. Cada vez que algo así sucede, mi cabeza comienza a escupir frases que luego se traducen en esta pequeña crónica mal redactada de un viaje en tren, o en subte. Es increíble lo prolífico que se convierte un medio de transporte masivo. Es increíble que siga lloviendo. Es injusto que siga lloviendo y que todo esto que tengo para contarte lo tenga que hacer por este medio, y no tirada al lado tuyo en el futón, mirando el techo y fumando el único cigarrillo del día que esperé ansiosamente para compartir con vos, arbolito.
La Maga

Palabra encontrada: Inveterado: (Del lat. inveterātus). 1. adj. Antiguo, arraigado.

febrero 19, 2008

Черный и оранжевый...

Es necesario hacerlo. Era necesario estar allí a esa hora. Mirando ese cuadro. Maldito Mark. Desde las entrañas me sacas sentimientos indescriptibles. Si, él me produce lo mismo. Un estado de paz que no sé de donde proviene. Un estado de emoción pura, convulsiva. Una nostalgia del pasado, y del presente, cuando no está. Ha llegado a necesitarlo. Mucho más que a cualquier otra cosa en su vida, y esto la aterrorizaba
Se quedó quieta, dejando que las ráfagas de colores penetren como pequeños puntos luminosos de manera fragmentada por sus pequeñas pupilas. Era místico, aunque detestaba esa palabra. Era de una profundidad, y simpleza a la vez, eran ráfagas de ternura y violencia dormida. Durante largo rato, y cambiando de poses, ladeando su cabeza para un lado y para el otro, estirando una pierna, y luego la otra, se dejó invadir. .A lo lejos sentía que alguien había puesto música. Una música que ya le era familiar, eso la tranquilizaba aún más. Acordes alguna vez bailados bien juntos, rozandose las pieles, los huesos, las partículas mas microscópicas. A ese nivel llegaba su fusión. Ciertos pensamientos comenzaron a fluir en su mente desordenada. Recuerdos, extractos de poesías, 'Tardes que fueron nicho de tu imagen, músicas en que siempre me aguardabas, palabras de aquel tiempo.. '. La primera película en La Lugones. Su primer beso, mezcla de ansiedad, formalidad y torpeza. La primera caricia como un tifón eléctrico, que aun recuerda, que aun siente. El primer cigarrillo compartido tirados en una cama, que olía a mordiscos y rasguños amables, a perfumes conocidos, y a sueños que ellos no durmieron. La primera noche abrazados escuchando cómo la lluvia caía empapada y se mezclaba con Fitzgerald y el canto desafinado de ella. El primer sueño que pudieron conciliar sin esfuerzo. El primer baño de inmersión que ella le preparó para alejarlo de malos humores y malos días. La primera vez que compartieron la higiene bucal uno al lado del otro, que terminó en guerra de dentífrico y amarras con hilo dental. La primera canción que él le cantó en el sillón mientras ella lo miraba estúpidamente absorta. Un viaje a un recóndito lugar de su patria que les recordaba el trayecto Paris-Marsella. El primer llanto, el de ella. El primer enojo, el de él. El primer cumpleaños, el de ambos. Las primeras dedicatorias escritas en libros cautelosamente elegidos. Los primeros celos, sin sentido y tiernamente expresados. Las primeras frutillas que él le dio de comer en la boca mientras ella lo abrazaba con sus piernas. Los primeros papelitos amarillos que se pegan en una agenda o en una heladera. Los primeros.. esos.. estos.. abrazos por la espalda. Sintió el peso de su cabeza apoyada en su hombro. Y su perfume que la invadía, trayéndola de vuelta a la realidad, esa realidad en la que se sentía tan cómoda y feliz como en sus viajes mentales.
- Te encanta, no?- Le pregunto dándole un beso en la mejilla que invitaba a más.
- Lo odiás, no? Si no te gusta me lo llevo. No tiene nada que ver con la decoración que te gusta a vos, ya lo sé. Es solo que...
- Es solo, que qué...?
- Es solo que me transmite lo que me transmitís vos. Deja me lo llevo.
- Llegó la comida china.
- Pero iba a cocinarte yo.
- Ya sé, pero te quedaste paradita ahí muy concentrada.
- Y?.- Le preguntó, volviéndose a sus pequeños ojos profundos.-
- Y nada. Vamos a comer.
- Traje algo para el postre.- Dijo sonriendo pícaramente.-
- Qué trajiste? - Preguntó él, tomándola de la mano y arrastrándola a la cocina.-
- No te voy a decir.. no tiene gracia..-
- Y esto? Tiene gracia?...
Le dijo al tiempo que la tomaba por la cintura y hundía sus alargados dedos para propinarle una sesión de cosquillas que hizo que ella gritara cual mezzosoprano. El juego terminó con ambos rodando en el piso, escupiendo carcajadas como burbujas de detergente, olvidando por completo la comida china, y pasando directamente al postre que ella había traído para él.

La Maga

febrero 04, 2008

Feliz cumpleaños a mí...

Ella siempre de negro. Rodeada de negro ("Negro el 10, ruleta de la muerte", decía Don Julio), no había que esperar demasiado para que empiece a trabajar en un lugar donde prima el negro, preto, noir, black, schwarz. Marce, lo primero que hizo cuando llegó al trabajo fue decirme feliz cumpleaños (y no, no comí gnocchi). Antes de irme me maquilló, como podrán ver. Es maquillador, y es gracioso trabajar con él, más en este tipo de ambientes que suele ser muy choto todo, muy superficial, muy mala leche. Pero a veces, cuando uno está demasiado tiempo machacando el sentido de la vida, pregunténdose por el vacío existencial, por el dolor constante, un ambiente que te fuerza a estar constantemente aconsejando sobre el bienestar exterior, sobre los tratamientos anti-arrugas, anti-celulitis, anti-cuanta-poronga-se-te-ocurra, equilibra el pensamiento permanente de saltar por una ventana o por alguna abertura del Centro Cultural Borges (qué paradoja, no?). Inhalar perfume todo el santo día no genera ningún tipo de estado opioide, una lástima. Quiero decir, todo esto te despeja la mente, ahora, ni bien salgo del shopping, me atacan los setecientos extranjeros que se frenan a mirar cuanto show de tango y cuanta estatua hay en Florida, y como ya sabemos, hay muchísimas. Hay una en particular, que cada vez que paso, me dan ganas de tocarla. Es la parca. Toda de negro. Con la cara tapada, como buena parca que es. Hay veces que paso muy cerquita y pienso que si la toco, todo se va a desvanecer, como por arte de magia (negra). No sé muy bien las razones de este sentimiento. Sé que si la toco no me voy a morir, sólo forma parte de mis ideas de buena obsesa que soy. Sé que si el arrebato de tirarme del doce aparece, no va a haber un pasaje al acto. A qué viene todo esto? Je ne sais pas. Sólo sé que no sé nada, podría decir, pero se más que los que ni siquiera saben esto. Sólo sé que para el momento en que estoy en el último Castelar, con un libro entre las manos (siempre me procuro los momentos para volver a la duda existencial) y música en mis oídos ya estoy demasiado cansada, con un tanto de sueño y no veo la hora de llegar a casa, cenar, ver alguna película y leer hasta que los anteojos se estampen contra el libro. Quizá en el sueño, si me tiro del doce, vuele, o me despierte por haberme estrolado contra el piso.
La Maga.

enero 08, 2008

Pastillas para no soñar


Cómo se ordena una cabeza? Cómo logramos cierta unidad, cuando aluviones de pensamientos logran esquizarnos aun más? Trabajo, una idea, otra idea, por este lado. Estudio, tres materias por aquí, otras dos por allá. Ciclo profesional por un lado, electivas por el otro. Cuándo te recibís? Nunca. No me jodan. Familia. Peleas, apoyo incondicional a la derecha, indiferentes por el otro. Amores. Y esto dónde lo ponemos? Se me ocurre un lugar muy específico. Pero… doloroso. Desde la teoría del Big Bang hasta esta parte, más o menos todos alguna vez hablaron sobre él. Por boca de otros. Citando Shakespeare, Bécquer (poesía eres tú, puaj), Neruda, y tantísimos más (mejores que Bécquer) “Oh, Romeo, Romeo..” la tragedia. La mezcla de amores y odios. Sentimientos parecidos, que convergen vaya a saber dónde, si en la pasión o en la locura. En la salud o en la enfermedad. Ah, no, me equivoqué de discurso. O quizá no tanto. Quién no ha sentido alguna vez que un bicho bolita se metió en la cabeza, y desordenó todo lo que obsesiva y defensivamente venimos ordenando? Es el mismo bichito que hace que des vueltas en la cama sin poder dormir. Que hace que no puedas parar, ni un segundo, que te tortura cual picana, que te muestra cual cartel de neón aquello en lo que no tenés ni mierda de ganas de pensar. Das vueltas, hace calor o frío, en estos casos no importa (Qué carajo importa!!!). Pensás, aunque no quieras. Buscas una explicación lógica, o lo que más se asemeje, aunque de antemano sabés que no la hay. Y si la hubiere, no va a calmar eso que el psicoanálisis tuvo a bien llamar, “paja mental” (me tomé el atrevimiento de escribirlo un tanto más coloquial). Te levantás, o te acomodás en la cama. Los ojos abiertos no como un dos de oros, sino como un cuatro de oros. Te sentís torturado por el método Ludovico. Te torturan los pensamientos un tanto más. A veces pareciera que la noche, esa mitad de la vida que dicen algunos, es donde se la pasa mejor, hace trampa e introduce un dedo por el tracto rectal y te hace una linda colonoscopía, y lo peor, gratis. Logras, de a ratitos, conciliar el sueño, ¿o pesadilla?. Viene el alba con sus gallos, sus autos, su ruido a gente. Te levantás, te mirás en el espejo descifrando si ese rostro que el espejo muestra, si esa imagen patética que devuelve es tu rostro o el de algún personaje de ciencia ficción. Te reconciliás con el extraño que invadió el espejo. Pensás en el libro que se titulaba “Endorfinas, la droga de la felicidad” y le haces una mueca sarcástica a tu imagen patética. Abrís el botiquín y ahí está, “Esta es la droga de la felicidad”, pensás. Hipócrates bendiga la fluoxetina.

diciembre 29, 2007

"Paren el mundo, me quiero bajar..." *

Habrá sido la última vez? Sé que te llamé, pero no estabas. Más tarde te crucé, venías de trabajar, si mal no recuerdo. Yo traía una cantidad incalculable de papeles y libros en la mano y te ofreciste a ayudarme, mi autosuficiencia te dijo de manera cortante "No, gracias, vengo con el envión". Nunca aprendí a dejarme ayudar, no por orgullo, vengo fallada de fábrica. Recuerdo que esa fue mi respuesta a varias de tus críticas. Ya no importaba. Horas, años de análisis. Si, vine fallada, no hay otra vuelta de tuerca, lamentablemente James.
De alguna manera terminamos pidiendo Chow Mien mientras imitabas graciosamente a la señora que tantas veces nos vio buscar la comida. Todavía tenía las marcas de los libros en los brazos, y las acentuaste más en una pelea de chop sticks que terminó con un mal cálculo y por error te metí un cross de derecha en la mandíbula y te partí el labio.Te enojaste. Lo gracioso era que yo no tenía intención de partirte la boca, tu mano se interpuso en un golpe que iba dirigido a tu hombro. No podía parar de reírme de mi torpeza. Mientras te curaba el labio con esas cremas que suelo tener en el bolso, terminamos de ver una película pésima que alguna vez se te ocurrió alquilar. Ya nunca haremos nada por primera vez. Y está muy bien que así sea. Empeoré la lastimadura con ese ir y venir de labios torpes y apurados. Nos dormimos tarde, demasiado tarde por lo temprano que debíamos levantarnos. Nos despertó tu novio, lo atendiste. Volvió a llamar después de remolonear un rato. "Atendé vos" me dijiste. "Hola", dije con el tono de la primera frase emitida por la mañana, una voz entusiasmada me contestó al otro lado "Qué lindo es despertarse con tu voz de dormida", "Me imagino" contesté dormida e irónicamente. "No, la verdad que no te imaginás" me dijo tu novio. Te pasé el teléfono y empecé a ponerme la pollera y la remera con lentitud de sueño. Me preguntaste si me quería quedar durmiendo, que me dejabas la llave, preferí no generar más conflictos de pareja, "vuelvo a casa". Prendí la cafetera y te ayudé a preparar el bolso, "Llevas abrigo?, tomá, no te olvides el perfume, por qué no te llevas ese pantalón para salir que te queda tan bien?", mientras tomabas el café que te había servido dijiste que tenías la sensación de olvidarte algo. Repasemos: Llaves del auto, documentos, llaves del departamento, las llaves de allá, cepillo de dientes, billetera, música, algo más? Buscaste las últimas cosas, y encontraste un CD y me lo mostraste, "Sueños de un hombre despierto". Te recomendé una canción, mientras cerraba la puerta. "Vení, salí por el estacionamiento". Subimos al auto, y en esos giros extraños, comenzó a escucharse por la mitad 'Vértigo'. Me sonreí. "Estás tan bonita, te invito a un café, la tarde es nuestra, desnúdame." te canté mientras te miraba lejos. Me acercaste y me diste un beso. Ya estábamos en la calle. Te ibas con él a la costa. Llegamos a la puerta del departamento, no había un alma en la calle. Miraste alrededor cómo alejando cómplices y me diste un beso profundo mientras a lo lejos, o bien cerca, Ismael cantaba "Pero basta de lamentos, brindemos ¡Salud! es el momento, que estamos todos o no falta casi nadie..."
La Maga.

* Mafalda dixit.

diciembre 16, 2007

"I had a dream"

Todavía estoy descifrando si fue un sueño. Es muy probable. Últimamente, de todos los problemas, los sufridos para dormir, preocupan el resto del día.
Tendida, con un boxer, y piel desnuda, las luces debidamente encendidas, o apagadas. Las luces de la noche dan matices en las paredes, en los cuerpos (vaya a saber por qué razón tipeando escribí muertes, en vez de cuerpos) que dejan una sensación de canvas a medio comenzar. Su mentón en un hombro masculino. Todo estaba perfectamente delimitado, las líneas, los contornos. Su perfil romano, su boca entreabierta. Conocía muy bien lo que sentía por debajo de la sábana. Siguió mirando ese perfil harto conocido, que tantas veces la había hecho llorar, tanto de emoción como de hara-kiri. Ya no. Todo parecía tan anacrónico, tan distante, tan de otra vida. Aunque allí, ella ahí. Ella seria y desnuda, seriamente desnuda. Pero lejana.
Su mano recorría el pecho aniñado, de niño hombre, de alguien que está tan preocupado por ser adulto que se olvidó de jugar un ratito todos los días a las canicas. Su risa tenía todavía algo de niño travieso, su manera de acurrucarse, como estando entre sábanas de He-Man. Su aun infantil manera de tocarla, de recorrerla, de desviar sus ojos cuando ella se sentía mirada y clavaba sus ojos pardos en los de él. Bajó por la línea del tórax despacio. Podría describirla perfectamente. Un lunar acá, otro más allá, el otro allí formando una constelación. Un hueco divertido se formaba a la altura de las costillas. Cuello de gatito mojado, dormido, mientras recorría su mentón.
Su barba incipiente de fin de jornada, tan desaliñada, tan idiosincrática. Él le tomo la mano, presionándola contra su estómago. La medianoche silenciaba la calle. Algún perro ladraba. Alguna lata rodaba. Los semáforos deberían estar titilando. Cuánto tiempo había pasado? Probablemente más de lo que podría cuantificar. Estaba allí? Importaba realmente si estaba o no? Si era un sueño o era la realidad? Recorría su perfil como se recorre... nada en realidad, un nudo se le hacía en la garganta. Sentía otra vez que el corazón cumplía su deber forzosamente. Sentía que se le salía por la boca. Eso no es amor, eso es taquicardia querida, tu réfléchis un peu, aprende a diferenciar. No hacía falta. Sabía muy bien lo que le pasaba. Sabía muy bien qué era eso que estaba sucediendo bajo las sábanas. Sabía muy bien qué significaba. Esos movimientos tan violentos y entrecortados. Esas patadas que los desenredaba. Significaban que él ya estaba profundamente dormido, y que ella seguía mirando las sombras que cambiaban de posición según cómo entraba la luz en la habitación. En la habitación o en el sueño, váyase a saber.

La Maga